Más de 500 lagunas presentan riesgo de desborde en el Perú ante el retroceso de los glaciares
- De este total, 58 lagunas, ubicadas principalmente en Áncash y Cusco, han sido identificadas con un nivel de riesgo muy alto, según el Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (Inaigem).
jueves
3 de septiembre, 2026

Foto: Inaigem
El reciente desastre ocurrido en el condado de Gyirong, en la frontera entre el Tíbet y Nepal, provocado por el colapso de un glaciar y un posterior flujo de escombros, demuestra los riesgos asociados a la inestabilidad de los glaciares. En el Perú, en las últimas seis décadas, se ha registrado la pérdida del 59 % de glaciares, de acuerdo al nuevo Inventario Nacional de Glaciares del Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (Inaigem). Este retroceso aumenta el riesgo de que ocurran desastres de este tipo.
La investigación del Inaigem, que se dará a conocer próximamente, indica la existencia de 4500 glaciares en el país. Según Paola Moschella Miloslavich, directora de Investigación en Glaciares de la institución, debido a la gran cantidad de glaciares existentes, en el Perú se dan las condiciones para posibles desbordes de lagunas.
La especialista explicó que el retroceso de estos glaciares se debe al calentamiento global y al cambio climático, dichos procesos se van acelerando, generando, como consecuencia, mayor inestabilidad en los glaciares.
“Con el retroceso del glaciar se van formando nuevas lagunas o también expandiéndose en tamaño las que ya existen, generándose un contexto de incremento de algunos peligros de origen glaciar”, señaló la especialista en una entrevista para Andina al Día.
Este tema ha sido materia de un trabajo de investigación que ha arrojado como resultado que 528 lagunas presentan riesgo de desborde en el país. Precisó que, de ellas, 58 han sido identificadas como de muy alto riesgo, la mayoría ubicadas en Áncash y Cusco.
Moschella indicó, asimismo, que la tragedia ocurrida en el condado de Gyirong, en Nepal, se asemeja al aluvión que en mayo de 1970 arrasó la ciudad de Yungay, en Áncash, por derivar ambos incidentes del desprendimiento de gran cantidad de bloques de hielo.
En el caso de Yungay también se confirmó desprendimientos desde el glaciar que fueron desplazándose a gran velocidad por las pendientes y cauces. Durante la caída, el hielo fue pulverizándose y fusionándose con las rocas, generándose un aluvión destructivo, detalló la especialista.

Foto: Andina
Mapa de riesgo
Como parte de las acciones de prevención, el Inaigem ha desarrollado un mapa que identifica las zonas que podrían verse afectadas por eventuales aluviones. “Esto lo hicimos con información de estudios en las zonas de glaciares y modelamientos con software especializado”, detalló Moschella.
Como ejemplo, indicó que en la zona de influencia del nevado Huascarán se ha identificado un glaciar susceptible de presentar desprendimientos y agrietamientos.
“Lo venimos monitoreando con fotografías constantes para identificar cómo se van moviendo estas grietas y cómo van avanzando algunas avalanchas más pequeñas”, explicó.
La información generada permitirá a las autoridades identificar las zonas de riesgo y tomar medidas de reducción del peligro. La especialista indicó que Inaigem brinda asistencia técnica para que ellos puedan implementar, entre otros, sistemas de alerta temprana y mapas de evacuación.
Monitoreo en tiempo real
Moschella recordó que recientemente comenzaron los trabajos del Centro Nacional de Monitoreo de Glaciares y Ecosistemas de Montaña. En una primera etapa, se implementó el monitoreo en tiempo real de tres lagunas ubicadas en Cusco, Áncash y Huánuco, consideradas de mayor riesgo.
“Eso nos permite identificar situaciones que ameriten emitir avisos automatizados directamente a los celulares de los responsables de las entidades que deben de tomar acciones”, detalló.
Asimismo, a partir de los estudios y simulacros realizados, se ha determinado que, dependiendo de la distancia, cuando ocurre un aluvión existe un tiempo de entre 10 y 20 minutos para evacuar antes de que la masa de piedras y otros materiales alcance los centros poblados, explicó.



