Manuel Pulgar-Vidal: “En la última década, la política peruana ha estado enfocada en disminuir el poder de la autoridad ambiental”

  • Manuel Pulgar-Vidal, líder global de Clima y Energía de WWF Internacional, analiza a un Perú que dejó de considerar la política ambiental como un eje de desarrollo, competitividad y futuro. Asimismo, plantea las tareas urgentes que debería atender el actual Gobierno.

miércoles

23 de septiembre, 2026

Escribe: Diego Pajares*

 

 

“Cuatro sobre veinte”. Manuel Pulgar-Vidal tarda apenas unos segundos en ponerle nota al estado ambiental del Perú. No duda, no matiza. La cifra abre una conversación en la que sostiene que “nuestro gran fracaso no es ecológico, sino haber dejado de entender que la política ambiental es también política de desarrollo y de futuro”. “Absolutamente jalado”, sentencia, mientras nos pide un momento para ir por una taza de café y comenzar con la entrevista. Como todo evaluador con experiencia, Pulgar-Vidal menciona los criterios que han puesto al país en esa situación. En su pizarra imaginaria, su diagnóstico no se limita al estado de los bosques y los ríos, o la calidad del aire. Por su experiencia, va más allá del ambiente: es una lectura política del país. “El Perú ha perdido la pista sobre la materia ambiental como política de desarrollo, como política de futuro y política de competitividad”.

 

“Si el más alto gobernante no cree en materia ambiental, no habrá ministro del Ambiente con capacidad de tener el poder para enfrentarlo”.

Manuel Pulgar-Vidal

 

Para el exministro del Ambiente, desde 2016, año en el que comenzamos a contar casi una decena de presidentes, la política ambiental ha sufrido un revés. “Desde la última década, la política peruana ha estado fundamentalmente enfocada en disminuir, minimizar y reducir el poder de la autoridad ambiental”. En opinión del ahora líder global de Clima y Energía de WWF Internacional, ese año comenzó el retroceso, y se inició una etapa en la que el Ministerio del Ambiente (Minam) perdió capacidad de influencia dentro del Estado y “escondió la cabeza”.

El resultado, agrega, también se refleja en la manera en que el país habla sobre el ambiente: “La noticia ambiental es siempre la crisis y no la acción proactiva”. Basta revisar los titulares de los últimos años: inundaciones, sequías, heladas, incendios forestales o derrames de petróleo ocupan la agenda ambiental, mucho más que las políticas de prevención o adaptación. Son evidencias de que, en lugar de avanzar en estrategias de largo plazo, la agenda prioriza emergencias, conflictos y retroceso.

Sin embargo, Pulgar-Vidal evita atribuir todo el deterioro a las decisiones políticas. La pizarra imaginaria queda atrás. Ya no enumera conceptos; habla desde la experiencia. A su juicio, también hubo una incapacidad de las propias autoridades ambientales para defender el espacio que habían ganado dentro del Estado. “Las autoridades convocadas han sido, con muy contadas excepciones, autoridades débiles, incapaces de entender su rol y la responsabilidad que implica asumir el cargo”. Para el exministro, aceptar sin resistencia ese debilitamiento terminó siendo parte del problema.

Hasta aquí, Pulgar-Vidal ha respondido como si siguiera la dinámica de una clase. Enumera, clasifica, conecta ideas. Toma otro sorbo de café. No obstante, para él, el deterioro ambiental no puede entenderse aislado de la economía, la política o el desarrollo. Por ello, cambia el foco de la conversación: deja de hablar del Perú y empieza a hablar de las economías ilegales y de la posición que ocupa el Perú frente a otros países.

Según el exministro del Ambiente, el Perú ha perdido liderazgo ambiental a nivel internacional. Foto: Naciones Unidas

Cuando el ambiente dejó de ser la prioridad

Ese debilitamiento institucional, sostiene Pulgar-Vidal, también explica el crecimiento de la minería ilegal, que ha dejado de ser un problema ambiental para convertirse en uno de los mayores riesgos para el país. “El Perú está perdiendo la batalla porque estas actividades ilícitas han ingresado a la política”, manifiesta, y agrega que estamos abordando estos temas “desde una lógica equivocada”.

También incluye otro problema: la manera en que determinadas competencias medioambientales fueron descentralizadas sin fortalecer los mecanismos de control. En minería de pequeña escala, actividad forestal o pesca artesanal, sostiene que la fragmentación institucional terminó facilitando espacios para la corrupción y debilitando la capacidad del Estado para ejercer autoridad.

Mientras Chile apuesta por el hidrógeno verde y Colombia acelera la incorporación de transporte eléctrico, el Perú sigue discutiendo si la transición energética debe formar parte de su agenda. A su juicio, esa diferencia no es ambiental, sino económica. “Solo los países que hayan sido capaces de entender esto (…) van a prosperar en competitividad y crecimiento (…). El debate climático no es un debate político, es un debate económico”, sostiene Pulgar-Vidal. En ese escenario también menciona a Brasil, al que considera un actor con influencia regional capaz de ejercer liderazgo en la agenda ambiental.

Lo que todavía puede hacerse

La conversación está por terminar. Pulgar-Vidal deja un diagnóstico para hablar del margen de acción que tiene el Perú. Evita ofrecer recetas personales o prometer soluciones inmediatas. Insiste, más bien, en que “ningún ministro podrá revertir el deterioro si la voluntad política no nace desde el propio Gobierno”.

Como si el diagnóstico aún no bastara, Pulgar-Vidal abre un segundo frente. Esta ‘no política’ peruana no solo tiene consecuencias ambientales, advierte: para él, nos ha debilitado y nos ha dejado como simples admiradores de la evolución de otros países. “El Perú está absolutamente fuera del radar político internacional”, puntualiza.

El problema, en su opinión, no se limita al ámbito interno. Sostiene que el Perú también perdió capacidad de influir en la agenda ambiental internacional, lo que, en relaciones internacionales, se conoce como soft power: la posibilidad de que un país ejerza influencia a partir de sus políticas públicas, su credibilidad y su capacidad de generar consensos. Mientras Brasil mantiene ese papel histórico y Colombia comienza a consolidarlo, el Perú, en el diagnóstico de Pulgar-Vidal, ha desaparecido de esa conversación.

A su juicio, esa pérdida de influencia tiene una explicación. “Si el más alto gobernante no cree en materia ambiental, no habrá ministro del Ambiente con capacidad de tener el poder para enfrentarlo”, comenta. A partir de esa premisa, plantea tres tareas urgentes: recuperar el control frente a la minería ilegal, fortalecer una política climática con metas verificables y devolver al Estado una institucionalidad ambiental capaz de ejercer liderazgo.

Quizá esa sea la idea que atraviesa toda la conversación. Para Pulgar-Vidal, la política ambiental nunca fue responsabilidad exclusiva del Minam. Es una política de Estado que compromete a los ministerios de Economía y Finanzas, Energía y Minas, Transportes y Comunicaciones, Desarrollo Agrario y Riego, pero, sobre todo, a la Presidencia de la República. Sin esa articulación, advierte, cualquier esfuerzo terminará siendo insuficiente, porque el desarrollo sostenible no se construye desde un solo despacho, sino desde una visión compartida de país.

Al inicio de la entrevista, Pulgar-Vidal dibujó en el aire sobre una especie de pizarra imaginaria. Explicó que para evaluar la política ambiental peruana había que observar cuatro elementos: entender, planificar, actuar y obtener resultados. Media hora después, luego de exponer estos y otros elementos, vuelve sobre el diagnóstico que nos había ofrecido al iniciar esta conversación: estamos jalados, y con cuatro sobre veinte.

 

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*Este artículo fue publicado originalmente en la segunda edición de la revista Actualidad Ambiental, página 49. Lee, descarga y comparte la publicación aquí.  

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