El otro rostro de El Niño: un océano que se reorganiza

  • Ante el anuncio del fenómeno El Niño para este año, una de las preocupaciones es cómo impacta en la disponibilidad de los recursos marinos.
  • En este artículo, dos especialistas explican cómo este escenario se desarrolla en las pesquerías peruanas y las acciones pendientes para una óptima respuesta.

martes

14 de julio, 2026

Foto: Diego del Río / SPDA

Escribe: Antonio Cuba* y Yesenia Chumbe** / Programa de Gobernanza Marina de la SPDA

 

Cada vez que se anuncia la llegada de un evento El Niño, una de las preocupaciones gira en torno a la pesca. Es común escuchar que «los peces desaparecen» o que «El Niño acaba con los recursos marinos». Aunque estas afirmaciones reflejan la preocupación de pescadores y de la ciudadanía, visibilizan la incertidumbre y sintetizan una realidad mucho más compleja. El Niño no convierte al mar peruano en un ecosistema empobrecido: lo transforma. Al cambiar las condiciones del océano, cambia también la forma en que las especies utilizan ese espacio.

Durante El Niño, el ingreso de aguas más cálidas modifica procesos fundamentales del ecosistema marino. Disminuye el ascenso de aguas frías y ricas en nutrientes desde las profundidades hacia la superficie —un proceso conocido como afloramiento—, aumenta la temperatura del mar, cambia la disponibilidad de oxígeno y se reorganizan las masas de agua. Como consecuencia, las condiciones del hábitat cambian y muchas especies responden modificando su distribución, profundidad y comportamiento en busca de ambientes más favorables.

Por ello, hablar del impacto de El Niño sobre la pesca como si existiera una única respuesta puede generar una percepción incompleta de sus efectos, ya que no todas las pesquerías responden de la misma manera ni con la misma intensidad. Según un informe del Instituto del Mar del Perú (Imarpe), publicado en el 2025, los recursos asociados a aguas frías, como la anchoveta, suelen redistribuirse buscando ambientes más favorables. Otros, como la merluza o la pota, responden de manera distinta dependiendo de la intensidad y duración del evento; mientras que especies propias de aguas cálidas, como el perico, la sierra o algunas especies tropicales, pueden incrementar su disponibilidad o ampliar temporalmente su distribución. En otras palabras, El Niño no crea un mar pobre, sino un mar diferente.

Esta reorganización del ecosistema también transforma la actividad pesquera. Durante El Niño 2023-2024, especies propias de aguas cálidas, normalmente distribuidas solo hasta el norte del Perú (alrededor de los 4° S), extendieron temporalmente su presencia cientos de kilómetros hacia el sur. El machete de hebra fue registrado hasta aproximadamente los 12° S y el fortuno hasta cerca de los 16° S, reflejando cómo el calentamiento del océano reorganiza la distribución de los recursos marinos y, con ello, las oportunidades de pesca.

La variabilidad climática asociada a El Niño no solo plantea desafíos para las pesquerías tradicionales, sino que también puede incrementar temporalmente la disponibilidad de determinadas especies. Frente a ello, la gestión pesquera peruana ha desarrollado mecanismos de manejo adaptativo que permiten responder tanto a los riesgos como a las oportunidades que genera la reorganización del ecosistema marino.

Algunos de ellos son cierres temporales y ajustes en las temporadas de pesca para proteger los recursos más vulnerables; el fortalecimiento del monitoreo científico y oceanográfico para respaldar decisiones oportunas; y, cuando las evaluaciones del Imarpe lo sustentan, la implementación de regímenes de pesca orientados al aprovechamiento temporal de recursos de oportunidad, aplicados principalmente a embarcaciones de mayor escala debido a que sus permisos de pesca habilitan el acceso a recursos específicos.

Por su parte, la pesca artesanal cuenta con un régimen de acceso más flexible, que generalmente permite el aprovechamiento de diversos recursos hidrobiológicos, de acuerdo con los artes y aparejos de pesca autorizados y las medidas de ordenamiento vigentes. Esta característica facilita que los pescadores adapten sus faenas cuando cambia la disponibilidad de las especies como consecuencia de El Niño. Sin embargo, cuando la disminución de determinados recursos afecta de manera significativa sus ingresos y medios de vida, las medidas de ordenamiento pesquero, por sí solas, resultan insuficientes y deben complementarse con acciones orientadas a fortalecer la resiliencia del sector.

Un antecedente importante fue la aprobación del Plan de Contingencia Sectorial ante el Fenómeno El Niño 2023-2024 (RM 427-2023-PRODUCE), que incorporó medidas para fortalecer el monitoreo científico, la gestión pesquera y el apoyo a pescadores artesanales y acuicultores frente a los impactos del evento.

Ante este escenario, resulta oportuno retomar y actualizar este instrumento, promoviendo una respuesta anticipada que combine el manejo adaptativo de los recursos hidrobiológicos con medidas orientadas a proteger los medios de vida de las comunidades costeras y asegurar la continuidad de la actividad pesquera.

La necesidad de contar con herramientas de este tipo cobra hoy especial relevancia. Los incrementos observados en la temperatura superficial del mar, el aumento del nivel medio del mar y los pronósticos de los principales modelos climáticos indican que el océano ya está experimentando cambios importantes y que estos podrían mantenerse durante los próximos meses. Más allá de la intensidad que finalmente alcance este evento, la evidencia científica permite afirmar que la reorganización de los recursos marinos ya forma parte de la respuesta natural del ecosistema frente al calentamiento.

Comprender esa dinámica representa uno de los principales desafíos para la gestión pesquera en un contexto de creciente variabilidad climática. Hoy contamos con sistemas de monitoreo oceanográfico, información satelital y evaluaciones científicas que permiten seguir estos cambios casi en tiempo real. El reto ya no es únicamente responder a los impactos de El Niño cuando estos se manifiestan, sino cómo utilizar ese conocimiento para anticipar decisiones de manejo, fortalecer la capacidad de adaptación del sector y aprovechar de manera sostenible las oportunidades que surgen de un océano cuya variabilidad es parte de su propia naturaleza.

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