Fenómeno El Niño: ¿la primera crisis del próximo Gobierno?
- La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) anunció el inicio de El Niño y advirtió que existe una alta probabilidad de que sea un evento de intensidad muy fuerte, similar al de 1997-1998.
lunes
15 de junio, 2026

Foto: Jaime Tranca / SPDA
Escribe: Francisco Meléndez / Coordinador de Campañas de CxN
El Niño 2026-2027 ha sido oficialmente declarado por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) y la probabilidad de que sea un evento de intensidad muy fuerte alcanza el 63 %. Es decir, estamos cerca de enfrentar un Niño comparable al ocurrido entre 1997-1998 que destruyó unas 50 mil viviendas, redujo el PBI en 6.2 % y ocasionó más de 500 mil damnificados, según cifras del mismo Estado peruano. Este fenómeno evidenció la enorme vulnerabilidad climática del Perú al ocasionar la muerte de 366 personas y 163 desaparecidos, así como la destrucción de 344 puentes y casi mil km de carreteras.
Entonces, la primera crisis que enfrente el próximo Gobierno será, muy probablemente, climática.

Impactos diferenciados
En el Perú, los impactos de El Niño varían según el territorio. En el norte —litoral y Andes— el calentamiento anómalo del mar incrementa la evaporación y la humedad atmosférica, elevando la probabilidad de lluvias intensas. Estas precipitaciones pueden activar quebradas, generar huaicos, desbordes e inundaciones, afectando vías rurales y urbanas, puentes, drenajes, canales de riego y servicios básicos. A ello se suman riesgos severos para la salud pública, por el aumento de enfermedades transmitidas por vectores, como dengue y malaria, así como infecciones asociadas a la contaminación del agua y el deterioro de las condiciones sanitarias.
El escenario es opuesto en el sur peruano, especialmente en las regiones andinas y amazónicas. Allí, El Niño está asociado con déficit de lluvias y sequías severas, generando condiciones de aridez que incrementan el riesgo de incendios forestales y afectan ecosistemas, medios de vida rurales, seguridad hídrica y disponibilidad de alimentos.
En estas condiciones, los impactos económicos pueden ser significativos. La pesca se ve afectada por el desplazamiento de la anchoveta hacia el sur y aguas más profundas, mientras que la agroexportación —actividad que genera más de 600 mil empleos directos— enfrenta riesgos sobre infraestructura, agua y logística. El comercio y la minería también pueden verse golpeados por la interrupción de carreteras, puentes y corredores logísticos, así como por la falta de condiciones seguras para operar. Un evento extremo que limite infraestructura vial, disponibilidad de agua o continuidad logística puede convertirse rápidamente en un golpe económico y social de escala nacional.
Mientras las alertas climáticas apuntan a un escenario de alto riesgo para el país, las regiones más vulnerables del norte peruano muestran una pobre ejecución presupuestal. Según el Ministerio de Economía y Finanzas, a la fecha Tumbes solo ha ejecutado el 2.7 % de su presupuesto en prevención de desastres, mientras que Piura alcanza el 26.7 %. Otras regiones igual de vulnerables como La Libertad, Lambayeque y Cajamarca han invertido menos de S/ 1 por cada uno de sus habitantes en acciones preventivas ante lluvias intensas y desbordes de ríos, de acuerdo al Instituto Peruano de Economía (IPE).
Si el país ya conoce el guion en estas circunstancias, el próximo desastre no puede seguir siendo tratado como sorpresa.

Fenómeno El Niño en 1998 dejó diversos impactos en todo el territorio nacional. Foto: El Comercio
Impactos globales y una potencial escasez de alimentos
Aunque El Niño golpea directamente al Perú, sus impactos son globales. Puede generar inundaciones en el norte peruano, el sur de Ecuador, África oriental, Asia Central y el sur de Estados Unidos; mientras aumenta el riesgo de sequías e incendios en Australia, Indonesia y el norte de Sudamérica. Esta combinación presiona los sistemas alimentarios: las lluvias extremas destruyen cultivos e interrumpen cadenas logísticas, mientras la falta de lluvias reduce cosechas, afecta al ganado y eleva los costos de producción.
Por ello, El Niño puede convertirse en un detonante de crisis alimentarias en regiones vulnerables. Como advierte Mohamed Adow, director de Power Shift Africa, “significa lluvias fallidas, cultivos que se pierden, precios de los alimentos al alza y familias llevadas una vez más al límite”. En un mundo de mercados interconectados y poblaciones ya expuestas a inseguridad alimentaria, un evento fuerte puede transformarse rápidamente en una crisis de disponibilidad, acceso y precios de alimentos.

Las condiciones océano atmosféricas proyectan un Niño muy fuerte y al 2027 como el potencial año más caluroso de la historia desde primeros registros. Imagen: NOAA
Oportunidades para reducir la crisis
Todavía tenemos una ventana para actuar. A cinco meses del inicio de la temporada de lluvias, nuestro reto no es solo anticipar la intensidad de El Niño, sino reducir la exposición del país al riesgo. Un evento climático se convierte en desastre cuando encuentra territorios degradados, infraestructura frágil y gobiernos que reaccionan tarde.
Necesitamos empezar por proteger a la población más vulnerable: fortalecer reservas de alimentos, abastecer tambos comunales, adquirir kits de potabilización de agua, identificar rutas de evacuación y habilitar espacios seguros para familias que podrían quedar aisladas por lluvias, huaicos o desbordes.
Paralelamente, debemos asegurar la infraestructura crítica: carreteras, puentes, defensas ribereñas, drenajes, canales de riego, centros de salud y escuelas. La prevención no puede seguir llegando después del colapso.
Pero la salida de fondo está en mirar el territorio desde las cuencas. Restaurar cabeceras, recuperar humedales, reforestar laderas y ecosistemas como el bosque seco ecuatorial, proteger fajas marginales e implementar zanjas de infiltración y sistemas de embalse interconectados como amunas para ayudar a recargar acuíferos, reducir escorrentías violentas y gestionar mejor el agua.
Prepararnos para El Niño no debería ser solo una respuesta de emergencia, sino una oportunidad para corregir la forma en que ocupamos y degradamos el territorio. Un escenario de alto riesgo es cada vez más probable; que se convierta en catástrofe dependerá menos de la temperatura del océano y más de cuánto logremos hacer antes de que empiecen las lluvias.



