Construcción de carreteras y el narcotráfico amenazan el corredor biológico Purús-Manu

Foto: Mongabay Latam

  • Una serie de reportajes de Mongabay Latam muestra el impacto de la ampliación de vías en Ucayali y Madre de Dios, entre ellas el ingreso de taladores ilegales y la expansión de sembríos para el narcotráfico en zonas cercanas a los parques nacionales del Manu y Alto Purús.

 

El paisaje Purús-Manu es un corredor biológico reconocido por su megadiversidad. Alberga dos de los parques nacionales más importantes del país, el Parque Nacional Alto Purús y el Parque Nacional del Manu; a tres áreas protegidas, el Santuario Nacional Megantoni y las reservas comunales de Purús y Amarakaeri; cuatro reservas indígenas y es hogar de 17 etnias.

Sin embargo, muestra las principales amenazas contra su biodiversidad. Entre ellas, la construcción de una carretera que conectaría la zona minera de Madre de Dios con el ingreso al Parque Nacional Manu, así como el bloqueo de tractores por parte de indígenas asháninkas para evitar la construcción de una vía ilegal, la cual está provocando deforestación a su paso y la proliferación de cultivos ilícitos de hoja de coca para el narcotráfico.

1. Amenazas al Parque Nacional Alto Purús

Fotografía con dron de la deforestación para la agricultura en la cuenca del río Sepahua. ©Jason Houston/Upper Amazon Conservancy

El paisaje Purús-Manu cuenta con una superficie de 13 millones de hectáreas, colinda con Brasil y Bolivia, y va desde la puna hasta la planicie amazónica: desde las provincias de Paucartambo y Manu, en Cusco y Madre de Dios, hasta las provincias de Atalaya y Purús, en Ucayali. Es, además, el hogar de poblaciones indígenas en aislamiento.

Comuneros, especialistas y guardaparques han detectado amenazas en varios puntos del sector Sepahua – Atalaya, e incluso en una comunidad ubicada a 7 kilómetros del Parque Nacional Alto Purús (PNAP). Frente a ello, piden urgente ayuda para construir un puesto de control en el cruce de los ríos Inuya y Mapuya.

Asimismo, se supo que la Fiscalía Ambiental de Atalaya ha iniciado 90 investigaciones entre el 2020 y 2021. Según las autoridades y comuneros, el estado de emergencia establecido durante la pandemia del COVID-19 disparó las actividades ilícitas en el área de influencia e incluso en la zona de amortiguamiento del Parque Alto Purús.

En medio de este escenario, surgen propuestas impulsadas por organizaciones ambientales que trabajan en el área, es así que se busca proteger las cabeceras de ríos con la creación de una concesión para conservación de aproximadamente 65 000 hectáreas; mantener un sistema de patrullaje continuo; disminuir las limitaciones del Sernanp, a través de la implementación de equipos que requieren los guardaparques, y promover proyectos de desarrollo sostenible viables en las comunidades cercanas al PNAP, para mejorar su calidad de vida.

Por su lado, Silvana Baldovino, directora del Programa de Biodiversidad y Pueblos Indígenas de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA), menciona que también se está trabajando en una estrategia para revalorizar los conocimientos tradicionales de las etnias que viven dentro del paisaje. “Con ello, no solo se pone en valor aquellos conocimientos de los pueblos, sino que también se generan oportunidades económicas que bien encaminadas pueden tener un gran potencial para mejorar la calidad de vida en la zona. Es clave seguir buscando alternativas de desarrollo económico que ayuden a combatir las ilegalidades”, indica.

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2. Carretera Bolognesi – Puerto Breu

Deforestación causada por madereros en territorio de la comunidad de Sawawo. Foto: Cortesía Upper Amazon Conservancy.

Como parte de la investigación de Mongabay Latam asegura que la construcción de la carretera que va desde Bolognesi a Puerto Breu, cerca a la frontera con Brasil, denominada Interoceánica centro, se está construyendo sin la aprobación de los estudios técnicos y sin la autorización de las comunidades indígenas asháninkas, yaminahuas y amahuacas que radican en la zona.

Esta carretera interconecta Lima–Junín–Ucayali, que incluye la ruta de la carretera Bolognesi – Nueva Italia – Puerto Breu; y declararla así de interés nacional. Imágenes satelitales registran su aparición en 1998 que estuvo en operación hasta el 2007 cuando cayó en desuso. En el 2021, sin embargo, resucitó la idea de ampliarlo, idea promovida, según detalla el reportaje, por empresas madereras.

La carretera parte de Bolognesi, centro poblado en el distrito de Yurúa, provincia de Atalaya, y se ha extendido hasta la comunidad de Sawawo, cerca de la frontera con Brasil. En total, son 210 kilómetros de un camino que se está abriendo al margen de la ley y de toda planificación.

Su construcción, además, está abriendo paso al narcotráfico. El centro poblado de Nueva Italia ubicada en la provincia de Atalaya es uno de los puntos por los que la carretera ilegal pasa, zona donde se ha reportado presencia de actividades ilícitas desde que se abrió la trocha de la carretera. A esto se suma el aumento de la deforestación que según la plataforma Geobosques del Ministerio del Ambiente, en el distrito de Yurúa donde se ubica la comunidad de Sawawo, se han perdido 149 hectáreas de bosque durante el 2020. Este sería otro de los puntos que la carretera atraviesa.

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3. Carretera que une Boca Manu y Boca Colorado

La carretera a través de la Reserva de la Biosfera del Manu se ha ido extendiendo lentamente desde la década de 1950 y ahora llega a Boca Manu, en el límite del Parque Nacional del Manu. Foto: Cortesía de Bethan John.

Otra amenaza se ubica al sur del paisaje Purús-Manu. Un camino vecinal que va desde la zona de Maronal, en el distrito de Manu, hasta la comunidad de Boca Manu, en el distrito de Fitzcarrald y que sería uno de los disparadores de la deforestación que afectan a comunidades indígenas yine y harakbut.

Esta vía empezó a construirse en el 2012, tres años después durante la gestión del gobernador regional de Madre de Dios, Luis Otsuka, se autorizó la construcción de la vía Nuevo Edén a Boca Manu. Esta empezó a realizarse sin contar con la opinión técnica inculante del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp), ya que atraviesa zonas de amortiguamiento y tendría un impacto directo en poblaciones indígenas. Frente a esto la jefatura de la Reserva Comunal Amarakeri denunció penalmente al exgobernador.

Tres años después de detener la obra, que llegó a avanzar 8 kilómetros (desde Nuevo Edén), el gobierno regional retomó su construcción, esta vez bajo la categoría de camino vecinal, para conectar el distrito de Maronal, hasta donde había llegado el tramo construido ilegalmente por Otsuka, con Boca Manu. El avance de la vía mantiene dividida a la Comunidad Nativa Diamante, ya que un grupo aún cree en los beneficios que podría traer para sus vidas la carretera y otro está preocupado por los impactos negativos y por la falta de presencia del Estado para proteger a la comunidad y el bosque. 

Para Carol Mora, directora del Programa de Política y Gobernanza Ambiental de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA), un aspecto clave que siempre debe considerarse antes de la ejecución de un proyecto, sobre todo si se trata de una carretera en la Amazonia, es que tenga un sustento técnico. “Deben de encontrarse debidamente justificadas y sustentadas a nivel de rentabilidad social, ambiental, económica y obedecer efectivamente a cubrir una brecha. Además, es clave que en el proceso de planeamiento y elaboración de los estudios ambientales se realice un análisis de alternativas a nivel de identificación del sitio del proyecto, así como de diseño, debiendo seleccionar la mejor alternativa del proyecto”.

Asimismo, Mora precisa que esta justificación técnica es relevante para “dimensionar sus impactos, ya que podrían estar afectando áreas de importancia ecológica, como por ejemplo en el presente caso, ya que este camino atraviesa en las zonas adyacentes al Parque Nacional del Manu y la Reserva Comunal Amarakaeri”.

Un camión maderero en Puerto Shipetiari, con su mercancía descargada, estacionado frente a las tiendas cerca del pequeño puerto a lo largo del río Madre de Dios. Foto: Cortesía de Bethan John

Una de las amenazas de la posible extensión de la carretera de Boca Manu a Boca Colorado sería el ingreso de la minería. “Si se une el Manu con Boca Colorado, los invasores no demorarían en entrar. Estaríamos exponiendo incluso a nuestros hermanos mascho piro, que están en aislamiento”, señaló Segundo Laureano, vicepresidente de la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes (Fenamad).

Por otro lado, el aumento del narcotráfico también se presenta como una fuerte amenaza. La investigación recoge relatos de integrantes de comunidades de Madre de Dios, ubicadas al norte de la Reserva Comunal Amarakaeri, que confirman el uso de terrenos indígenas como pistas de aterrizaje clandestinas.

El jefe del parque Manu, John Flores, señaló a Mongabay Latam que se ha detectado que los cultivos ilegales se encuentran en el sector sur del parque, dentro de la zona de amortiguamiento, muy cerca de Pillcopata, en el distrito cusqueño de Kosñipata. El avance de la carretera hacia Boca Manu, en Madre de Dios, ha convertido este camino en una zona de tránsito de mercaderías ilegales. “La carretera ayuda a la diseminación de cultivos ilícitos”, precisó Flores.

Según la Gerencia Regional Forestal del Gobierno Regional de Ucayali, entre el 2020 y el 2021 se han encontrado 54 pistas de aterrizaje clandestinas destinadas al traslado de droga. La investigación confirmó que diez de ellas se encuentran dentro del paisaje Purús-Manu y al menos dos están ubicadas cerca de la cuestionada vía que avanza hacia Puerto Breu, en la frontera con Brasil.

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4. Pescadores y la conservación en el río Tahuamanu

La mayoría de los pescadores de Iberia utilizan redes de pesca. Otros pescadores prefieren pescar con anzuelo. Crédito: Boris Mercado/FZS Perú

La localidad de Iberia en Madre de Dios y el río Tahumanu forman parte del paisaje Purús Manu, el cual alberga uno de los más altos niveles de biodiversidad en el mundo y donde un grupo de pobladores se ha organizado para pescar sosteniblemente. Estos pescadores de Iberia han logrado la aprobación de un plan de manejo pesquero, el primero de la provincia de Iñapari, que les permite hacer un uso sostenible de los recursos del río Tahuamanu. Ahora deben sumar a sus tareas los patrullajes para controlar la presencia de pescadores informales que ingresan a la zona sin tener una autorización y para vigilar que se respeten las vedas y tallas mínimas.

El ingeniero pesquero Percy Coral de la Sociedad Zoológica de Frankfurt (FZS) detalla cómo se han enfocado en darle soporte y capacitación a los pescadores organizados en dos asociaciones, conformadas por 43 familias en total. La meta siempre fue promover una pesca más responsable que a la vez se adaptara a sus necesidades. Así fue como, en el 2015, lograron que la Dirección Regional de la Producción (DIREPRO) de Madre de Dios les entregara su primer Plan de Manejo Pesquero para el río Tahuamanu.

A pesar de ello las amenazas continúan. Coral asegura que en las temporadas altas de pesca, hay mucha gente externa a las asociaciones que ingresa al río a pescar. Estima que hay unos 50 pescadores, además de los 43 asociados, que se mueven por el río informalmente. Por esta razón, contar con un plan de manejo es clave y la DIREPRO Madre de Dios debe ceñirse estrictamente a él.

La asociación les ha generado muchos beneficios, dice Jorge Escompani, quien preside la Asociación de Pescadores Artesanales de Tahuamanu. Los socios ahora realizan una pesca responsable, ya no pescan en temporada de desove, no ponen las mallas de lado a lado del río, respetan las vedas y los tamaños mínimos por especie. Además, el estar reconocidos por registros públicos les ha permitido postular a fuentes de financiamiento estatales y privadas.

Para Escompani, uno de los mayores beneficios de haber formado la asociación y de tener el plan de manejo es que ahora pueden realizar actividades de control y vigilancia en el río. “Nosotros salimos a hacer operativos inopinados, caiga quien caiga”, precisa. “Nos programamos los dirigentes de las asociaciones y salimos para ver si encontramos a pescadores que están usando aparejos de pesca que no sean legales, que colocan sus mallas de banda a banda del río, o que estén realizando otras actividades no permitidas”, finaliza.

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