[Opinión] La gestión integral del paisaje para la sostenibilidad de los ecosistemas amazónicos

Foto: SPDA / ARA

Escribe Mario Yomona Morey, director ejecutivo de Conservación y Diversidad Biológica / Autoridad Regional Ambiental (ARA) de Loreto

 

En las áreas de conservación regional (ACR) de Loreto no existe la figura del guardaparque. ¿Por qué? Porque son las mismas comunidades las que asumen, en un trabajo articulado con el Gobierno regional, la gestión y protección del ACR. A esto es a lo que llamamos cogestión y es parte del nuevo paradigma de conservación, que es fruto de un trabajo de más de diez años con diversos actores. El reto actual es lograr con este y otros modelos la visión integral del paisaje para asegurar la sostenibilidad y mantener la capacidad resiliente de los ecosistemas en Loreto.

Loreto, el departamento más grande del Perú, es reconocido a nivel mundial por su gran biodiversidad. En esta región, muchos investigadores han descubierto zonas con una alta diversidad biológica y muchas de ellas con presencia de especies endémicas. Estos descubrimientos han sido base para que se establezcan un gran número de áreas naturales protegidas (ANP) –12 de administración nacional, 4 de administración regional y 28 de administración privada– cubriendo un aproximado de 8 869 419.22 hectáreas, equivalente a más del 23% de la región.

Desde la aparición de las primeras modalidades de conservación, una de las principales características de las ANP fue que eran gestionadas como islas, cuyo objetivo era proteger una muestra representativa de la biodiversidad existente en el país, lo más prístina posible, teniendo al “hombre” como un agente destructor a quien se le debía evitar el ingreso a toda costa. Con esta primera concepción es que nace la figura de guardaparque, un sinónimo de policía que debía vigilar que los infractores no ingresen al ANP a destruir la naturaleza.

Esto ha ido cambiando con el pasar del tiempo. El paradigma de “conservar para la gente” está cambiando hacia un nuevo paradigma, el de “conservación por la gente”. Esto cambia radicalmente la visión de que el “hombre” es parte del problema y le da un nuevo papel en que puede convertirse en un agente de cambio y de solución. Con ello, los guardaparques dejan un poco de lado la función de policías y se vuelven promotores de la conservación, haciendo que los “infractores” trabajen en conjunto en la conservación de los recursos naturales, involucrándose en el manejo y aprovechamiento sostenible de los recursos naturales.

Un claro ejemplo, es el de la cogestión en las ACR de Loreto, que mencionábamos al comienzo y que, en palabras simples, se trata de la toma de decisiones consensuadas con todos los actores involucrados en la administración del ACR (comunidades, federaciones, ONG y Gobierno regional). Esto ha provocado un empoderamiento por parte de las comunidades que han asumido como algo propio el ACR y ya no como un espacio que le “pertenece” al Gobierno regional. De esta manera, se acorta la distancia entre comunidades y conservación.

[Ver además ► Loreto: más de 2 millones de hectáreas están protegidas por áreas de conservación regional]

Actualmente, se presenta como el gran reto lograr la gestión de todas las modalidades de conservación con una visión de paisaje y/o de cuenca, que se articule con la división geopolítica (distritos y provincias) y con participación de las autoridades regionales, locales y la población, para trabajar en conjunto y lograr el tan ansiado –y algunas veces utópico– desarrollo sostenible.

Existen instrumentos que nos podrían ayudar a establecer la ruta que deberíamos seguir, como la Estrategia Regional de Diversidad Biológica y la Estrategia Regional de Humedales de Loreto (proceso en construcción), así como, el Sistema Regional de Conservación, que agrupa a todas las modalidades de conservación y cuyo objetivo es unir esfuerzos para lograr objetivos en común. Sin embargo, aún falta encontrar el mecanismo que nos ayude a poder gestionar todas las modalidades bajo una mirada de paisaje.

Cabe resaltar algo que es bien sabido: cuanto mayor es el territorio, más difícil es que su gestión sea económica, social o ambiental. Esto, por los diversos actores que tienen que participar y consensuar, así como los recursos económicos que terminan siendo limitados.

Gestionar adecuadamente el paisaje teniendo zonas de protección y zonas de aprovechamiento de recursos naturales permitiría mantener la capacidad de resiliencia de los ecosistemas. En ese sentido, así como es mayor el reto cuanto mayor sea el espacio de gestión, también son mayores las oportunidades que este permitirá, pues se abre un abanico de posibilidades de recursos que puedan ser manejados y aprovechados sosteniblemente (peces, fauna silvestre, madera, frutos del bosque, fibras, etc.), lo cual significa que son más diversas las actividades económicas que se pueden realizar.

Ante un escenario cada vez más crítico, en que año a año se pierden hectáreas de bosques y toda la biodiversidad que estos albergan, se hace indispensable tener una mirada integral. Teniendo en cuenta a los bosques y cuerpos de agua, pero también a las personas que están íntimamente ligadas a ellos y que dependen de los mismos para su subsistencia. Personas que necesitan recursos económicos para acceder a servicios básicos como salud y educación, una educación necesaria para que los niños y jóvenes de las comunidades puedan estar preparados para hacerle frente a una sociedad cada vez más “moderna”, que crece y se globaliza cada día.

[Ver además ► Loreto: este año se titularía al 50% de comunidades nativas que exigen este derecho]



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