Mariana Alegre: Tenemos un problema con la concepción del espacio público y el valor que le damos

Mariana Alegre, coordinadora general de Lima Cómo Vamos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) determinó que se necesita 9 m2 de espacios públicos por persona en las ciudades. En Lima, en el 2016, tuvimos aproximadamente 3 m2 por persona. “Esos datos nos muestran la desigualdad y desequilibrio en la provisión de áreas verdes para tener una vida mejor”, señala Mariana Alegre, coordinadora general de Lima Cómo Vamos, un observatorio ciudadano que hace seguimiento y evaluación a los cambios en la calidad de vida de los ciudadanos de Lima Metropolitana y el Callao. En conversación con Actualidad Ambiental abordamos el conflicto que se ha generado entre ciudadanos y autoridades municipales por los intentos de privatización de espacios públicos, la diferencia entre áreas verdes y espacios públicos y algunas ideas para repensar la ciudad, alrededor de dos proyectos de ley que buscan proteger y gestionar los espacios públicos.

¿Cuál es la definición de espacio público?

Es cualquier espacio de libre acceso que se encuentre en la ciudad y que permita movernos, circular o transitar en él. El espacio público por excelencia son las veredas. También están considerados como espacios públicos las vías para autos o, por ejemplo, áreas naturales como los cerros. Sin embargo, estos no son accesibles para las personas comunes y corrientes, por eso se habla de espacios públicos accesibles, que permitan tener contacto con ellos, usarlos y disfrutarlos. Hay algunos programas de utilización de pistas para los ciudadanos en la línea de calles abiertas, que es cuando se transforma el uso de vías para autos a usos peatonales, deportivos o recreativos, como ocurre en la avenida Arequipa los domingos, por ejemplo.

Existe una definición de espacios públicos que va en torno al tipo de característica que le puedas dar. Hay quienes consideran el espacio público como cualquier espacio público que pueda tener la ciudad, otros que lo restringen a los espacios accesibles, otros que solamente consideran espacios públicos de gestión pública y no los de gestión privada. Sin embargo, es importante entender que además de parques y plazas, tenemos que pensar en veredas, vías para autos, oficinas públicas, monumentos, museos u otros.

¿Las áreas verdes en la ciudad son un tipo de espacio público?

Así es. El ser verde implica una característica del espacio público. Por ejemplo, ciudades como Barcelona tienen una altísima presencia de plazas que son muy bien utilizadas por la gente y no tienen más que un poco de árboles. 

<Presentan proyectos de ley para proteger y gestionar los espacios públicos>

Vista aérea de Lima. Foto: Google Maps.

¿Contamos en Lima o en las principales ciudades del Perú con suficientes espacios públicos o áreas verdes?

En general no, porque hay que considerar los espacios públicos o áreas verdes de libre acceso y eso implica que muchas zonas del país, y en particular de la ciudad, no son de libre acceso porque no están a disposición de los ciudadanos. Para el caso de Lima, según la Municipalidad Metropolitana de Lima, en el 2016 tenemos poco más de 3 m2 de áreas verdes por habitante. Esos datos nos muestran esta desigualdad y desequilibrio en la provisión de espacios verdes para tener una vida mejor.

¿Lo ideal sería contar con cuántos metros cuadrados de áreas verdes por habitante?

El estándar internacional según la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de 8 o 9 m2 por habitante, aunque nunca hemos podido encontrar la fuente de manera directa. Sin embargo, se tiene que empezar a pensar qué tipo de espacio verde se requiere porque es distinto 1 m2 de jardín que 1 m2 de árboles, siendo los últimos aquellos que pueden proveer de mejor calidad ambiental porque permiten la purificación del aire.

¿Este es un problema solo de Lima o en provincias también contamos con este déficit de áreas verdes?

Una de las grandes ventajas de las distintas provincias en el país es que no tienen tanto nivel de urbanización como la capital. En ese sentido, quedan más áreas libres de ciudad que pueden permitir un acercamiento y una mejor calidad ambiental. Dentro de las zonas urbanas del país encontramos nuevamente estos problemas de poca disponibilidad y de poca posibilidad de acceder y, por lo tanto, de restricción.

El área verde en zonas de desierto (como Lima) es difícil de mantener y cuidar, y eso es algo que nos debe hacer entender cómo gestionar adecuadamente las áreas verdes de acuerdo a las distintas condiciones de geografía y clima de cada provincia. La selva es un contexto completamente distinto a la capital y a las ciudades de costa.

Parque Manhattan. Foto: Peruanos de a pie.

Últimamente se ha registrado conflictos alrededor de los espacios públicos. Existe interés en algunas municipalidades por volver privados algunos espacios públicos

Sí, hay un problema importante que tiene que ver con la concepción que tenemos del espacio público y el valor que se le da. Si el único valor que consideramos es el económico, entonces tenemos espacios “desperdiciados” que están siendo poco productivos y que no están sirviendo al objetivo final del valor económico. Pero si en verdad valorizamos también todos los otros atributos que tienen los espacios públicos en términos de condiciones sociales, asuntos de relaciones y comunidad, la oferta que hay en términos de recreación, salud y bienestar. Si se logra valorar todo eso, podemos pensar cómo estos espacios públicos generan un valor más allá del económico. No solamente eso sino que la presencia de ese tipo de espacios, de este bienestar y esta calidad de vida a su vez incrementan el valor económico de la ciudad en la que se encuentran insertos.

Si tienes, por ejemplo, una calle con árboles, que está demostrado que reduce en grados la temperatura bajo ellos que fuera de ellos, la calle en la que puedes tener un edifico o unas oficinas puede tener más valor. Si tienes un espacio público con unas vías y con un diseño de veredas mejor diseñadas para que sea más fácil de caminar y de manejar por ellas, vas a tener también más valor en las propiedades y va a haber de repente mayor capacidad de generar comercio y una cadena económica en cuanto a la propia condición del espacio público.

¿Podría mencionar algún caso emblemático donde se ha manifestado este problema?

Creo que el caso más claro es el del parque Manhattan, que acaba de ser desestimada la iniciativa privada. Creo que es emblemático porque hay un titular en un periódico nacional del alcalde del distrito indicando que el parque debe ser concesionado porque es poco productivo y eso demuestra ese distinto enfoque o visión que se tiene sobre el valor real que tienen los espacios públicos o las áreas verdes.

Eso no significa que los terrenos que no pueden ser mantenidos apropiadamente tengan que ser eliminados. Se tiene que encontrar mecanismos de gestión que permitan que los espacios públicos o áreas verdes de la ciudad puedan ser mantenidos y que puedan ser ofrecidos a la ciudadanía de manera correcta y para eso hay fórmulas mixtas de distintos tipos. Se puede justamente avivar y revivir un espacio público deteriorado a través de mecanismos de agricultura urbana, placemaking o se puede incluso incorporar comercio, que puede ser desde el más simple a modo de stand o comercio estilo centros comerciales o pequeñas cadenas de tiendas, dentro de una lógica de diseño que pueda funcionar. Eso no significa que el espacio público que tenemos hay que venderlo y transformarlo en un centro comercial o en viviendas, como está ocurriendo en Villa el Salvador, en uno de los parques zonales que están utilizando ahora para construir las viviendas de los Panamericanos.

Vista aérea de Barcelona. Foto: https://newhavenurbanism.org/european-urbanism/barcelona/

Uno de los proyectos de la ley de espacios públicos menciona que nuestra legislación está pensada para ciudades en expansión y que ahora debemos pensar en legislación que considere la densificación de las ciudades, ¿es una interpretación válida?

Las ciudades sostenibles están tendiendo a ser cada vez más densas y no significa necesariamente que Lima no sea una ciudad densa, tenemos ciertamente una población numerosa a nivel de familias y hay una densidad importante. Sin embargo, como la mayoría de viviendas son horizontales, se crece por unidades de vivienda familiares, que a su vez pueden expandirse a la familia cercana. Sin embargo, no se están construyendo edificios ni multifamiliares.

Más allá de promover la densificación, que es algo correcto, tenemos que promover la compacidad, que viene de la idea de ciudad compacta, que parte justamente de esta lógica de generar la ciudad y diseñarla basada en un desarrollo urbano de cercanía, donde todos los destinos a los que tenemos que recurrir como residente estén a una distancia cercana a donde vives. De manera que puedas trabajar, estudiar, atenderte en los servicios públicos, recrearte, ir al cine y hacer compras en un radio alrededor de tu barrio y tu distrito que te permita moverte en medios de transporte más sostenible: caminata, bicicleta, transporte público de distancia corta.

Cuando pensamos en una ciudad compacta, que tenga a su vez una lógica correcta de desarrollo urbano y de gestión de movilidad sostenible, vamos a tener ciudades que nos van a ofrecer mayor bienestar. Para lograrlo se necesita tener una red de espacios públicos y de áreas verdes que sea sólida, concreta y consistente con lo que se quiere ofrecer. Eso no quita que hay que pensar en las escalas. La escala barrial es distinta a la escala metropolitana y es natural que por ejemplo Larcomar, que es una zona muy visitada, sea un destino para personas que viven al otro extremo de la ciudad, o las playas. Pero dentro de la lógica cotidiana, tenemos que pensar y optar por ciudades que sean compactas. Por ejemplo, la zona de cercado en el Callao es una zona compacta. Miraflores también es una zona compacta. Pero cuando tenemos patrones de distribución laboral que nos invitan al centro de Lima o al centro financiero de San Isidro, estamos distorsionando esta idea de ciudad compacta.

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