K’erenda Zambrano: “La conservación necesita pasión, pero también disciplina, paciencia y estudio”
- Conversamos con K’erenda Zambrano, joven de Puerto Maldonado que promueve la conservación a través del muralismo, el cine y también la literatura.
- Ella pertenece a una nueva generación que no espera, sino actúa para forjar el planeta que todos necesitamos.
sábado
7 de marzo, 2026

K’erenda Zambrano. Foto: Archivo personal
Por Jaime Tranca / jtranca@spda.org.pe
Desde que nació, e incluso antes, K’erenda Zambrano ya estaba relacionada estrechamente con el bosque. Su padre, Víctor, es uno de los principales defensores ambientales de la Amazonía sur del Perú, y fue él quien le transmitió la curiosidad y amor por los grandes árboles, mamíferos, aves y reptiles que hasta hoy suelen transitar por el área de conservación que ambos administran en Puerto Maldonado (Madre de Dios), a orillas del río Tambopata.
Si bien las labores de reforestación y vigilancia han sido muy importantes para recuperar el paraíso que hoy se llama Área de Conservación Privada (ACP) K’erenda Homet, ella y otros jóvenes del colectivo Generación Verde Madre de Dios, son conscientes de que los bosques necesitan más personas que se identifiquen con ellos, y por esta razón realizan diversas actividades de sensibilización, como los murales artísticos y festivales de cine, ambos con temática ambiental, donde han participado cientos de personas.
Y para reforzar esta tarea de concientización, K’erenda publicó hace poco Nümeri y el guardián del bosque (Editorial Literalgia), un cuento ilustrado que enseña precisamente lo que ha aprendido en todos estos años: amar a la naturaleza, cuidarla y protegerla de las diversas amenazas. Si bien el libro está dirigido a niños, puede ser leído por todas las personas que quieran conocer sobre el trabajo de esta joven que representa la nueva generación de peruanos y peruanas que ya no esperan heredar un mejor planeta, porque están forjándolo ellos mismos.
Conversamos con K’erenda para conocer un poco más sobre ella, su compromiso y sus expectativas.
¿Por qué decidiste tomar este camino de la conservación?
Porque K’erenda Homet no es solo un espacio geográfico para mí: es mi hogar. Siempre he vivido en esta área de conservación. Toda mi infancia y mi vida han estado rodeadas por este bosque. He visto de cerca el trabajo que hacen mi padre y mi familia para que este espacio se conserve. He sido testigo del esfuerzo diario, de las dificultades y del compromiso que implica proteger un territorio.
Por ello, por pasión y por el deseo de continuar ese legado, decidí seguir este camino. Este es mi territorio, mi lugar, mi hábitat. Me dio el espacio para crecer y vivir, y ahora siento el compromiso de compartirlo y difundir lo que representa nuestra área de conservación.
¿Qué satisfacciones y aprendizajes te ha dado esta decisión?
Vivir aquí es una satisfacción profunda. Apenas despiertas, los sonidos, escuchar el bosque y coexistir con los animales. Esa convivencia diaria te transforma. Pero también he aprendido que no es fácil. Vivir en el campo o en un espacio natural implica retos constantes: lluvias, falta de electricidad estable, poca señal, dificultades logísticas. No siempre es sencillo trabajar desde aquí, especialmente cuando necesitas tecnología o conectividad.
La naturaleza me ha enseñado paciencia y resiliencia. Me ha enseñado que la conservación no es romántica todo el tiempo; es compromiso real, incluso en medio de las dificultades.
A pesar de los retos, es un lugar de paz. Es un espacio donde puedes descansar, reflexionar y crecer. Y también me ha permitido desarrollar actividades que conectan el territorio con el mundo exterior, creciendo profesionalmente sin dejar de pertenecer a este lugar.

Víctor Zambrano. Foto: K’erenda Homet
¿Qué tan importante ha sido tu padre en tu vida ligada a la conservación?
Ha sido fundamental. Mi padre me enseñó a mirar el bosque no solo como herencia, sino como historia, trabajo y responsabilidad. Estoy heredando conocimiento, territorio y un compromiso que lleva años construyéndose. Su amor por la naturaleza y su sensibilidad hacia las comunidades más vulnerables me han marcado profundamente. Me enseñó que conservar también es tener empatía por las personas que no siempre tienen voz. Gran parte de las decisiones que hoy tomo están influenciadas por su ejemplo y por el trabajo que veo que sigue haciendo diariamente. Para mí, continuar este camino también es una forma de honrar ese esfuerzo.

Presentación de Nümberi y el guardián del bosque en Puerto Maldonado (Madre de Dios). Foto: Archivo personal
¿Qué te motivó escribir Nümberi y el guardián del bosque?
Quería que los niños y las personas puedan conocer el área de conservación desde la emoción. Si contamos la historia completa del lugar de manera técnica o cronológica, podría tomar horas. Pero a través de un cuento, esa historia se vuelve cercana, visible y comprensible.
Nümberi y el Guardián del Bosque nace de esa necesidad: unir conservación y emoción. Marinke representa al soñador, al que inicia, al que hace posible las cosas. Nümberi es la niña curiosa, la que todos hemos sido, la que quiere aprender y proteger.
La intención es formar nuevos guardianes, nuevas generaciones con conciencia ambiental y social. Que conecten con el bosque no solo desde el conocimiento, sino desde el corazón y la historia.
¿Tienes otras publicaciones tienes en mente?
Quiero seguir desarrollando historias basadas en Nümberi y en las áreas de conservación, sus experiencias. La idea es que más historias puedan contarse a través de cuentos accesibles para niños, pero que también logren conectar con adultos. Todos tenemos un niño interior que quiere volver al bosque.
Hoy el mundo se está complicando, las ciudades se vuelven más difíciles y muchas personas sienten el deseo de regresar al campo. Quiero que esas historias permitan soñar con el bosque y entender su importancia. También me gustaría crear publicaciones educativas que conecten con la biodiversidad, los animales y las experiencias anónimas reales de conservación que no siempre se están contando.

K’erenda en el ACP que lleva su nombre. Foto: Archivo personal
¿Cuál es el consejo que le das a los jóvenes que quieren seguir también este camino que has elegido?
Que no esperen tener todas las respuestas para empezar. La conservación necesita pasión, pero también disciplina, paciencia y estudio. No siempre es un camino fácil. Tiene retos, incomodidades y sacrificios. Pero si realmente sienten conexión con la naturaleza, vale la pena. La conservación no es una moda. Es una responsabilidad intergeneracional. Y cada acción, por pequeña que sea, suma.



