Mujeres kukamas en pandemia: la lucha por sobrevivir al virus y, sobre todo, al olvido

Foto: Filac

  • “No vamos a morir en nuestra casa, arrinconados en nuestras camas, vamos a morir luchando, vamos a morir reclamando derechos para nuestra gente, reclamando vida”, afirma Mary Luz Canaquirí, presidenta de la Asociación de Mujeres Indígenas Huaynakana Kamatahuaranakan.

Por Angela Rodriguez / arodriguez@spda.org.pe

 

A Mary Luz Canaquiri la primera ola de la pandemia la encontró en Iquitos, a donde llegó -como tantas otras veces- para hacer escuchar a las autoridades las demandas de las 28 comunidades a las que representa y defiende como presidenta de la Asociación de Mujeres Indígenas Huaynakana Kamatahuaranakan. Varada en Iquitos, sin ayuda y sin poder volver a su comunidad, Mary Luz se dio cuenta de que si no era ella quien se movilizaba por medicamentos para sus hermanas y hermanos, la ayuda nunca les iba a llegar. Desde entonces, su lucha no ha parado.

Como ella explica, “aunque digan que todos tenemos los mismos derechos y las mismas oportunidades, en la realidad no es así” y la pandemia del COVID-19 agudizó estas desigualdades y grandes brechas en nuestro país. En este contexto, las mujeres además deben enfrentarse a otro virus aparte del COVID-19: el machismo. Y todo ello en medio de la pobreza, la falta de atención en salud y la presión que generan las actividades ilegales en sus territorios.

“La atención no ha llegado a todas las zonas, supuestamente por falta de presupuesto. A mi distrito no llegó, por eso he tenido que pedir ayuda a amigos para hacer colectas, comprar medicamentos y enviar a las comunidades”, explica Mary Luz Canaquiri, en conversación con Actualidad Ambiental.

“Como decimos nosotros, no vamos a morir en nuestra casa, arrinconados en nuestras camas, vamos a morir luchando, vamos a morir reclamando derechos para nuestra gente, reclamando vida”, enfatiza Mary Luz, luego de explicar que en esta lucha por la sobrevivencia de las comunidades que representa ha tenido incluso que exponer su vida y la de su familia, caminando “entre gente enferma para poder enviar medicina” a su pueblo.

Mary Luz Canaquiri en una conferencia organizada por Orpio. Foto: Orpio

Las voces de las mujeres kukamas

La lideresa kukama comenta que es esta falta de atención la que la incentiva a seguir movilizándose. Por ello ha dejado nuevamente su casa y su comunidad para llegar a Iquitos, con el objetivo de participar en una reunión con la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM), en la que, señala con fastidio, lamentablemente solo dos mujeres participan.

“Te voy a decir la verdad, los varones peruanos son muy machistas. Solo ellos quieren hablar y salir”, denuncia y agrega: “pero nosotras estamos ahí, estamos en medio de ellos, levantado nuestras voces, levantando nuestras manos”.

Mary Luz explica que es necesaria la participación de las lideresas en la lucha contra la pandemia, pues ellas como mujeres tienen otra perspectiva de lo que sucede en sus comunidades. Sin embargo, su participación en este, como en otros espacios de toma de decisiones, aún es limitada.

“Y eso que ahora ya hay mujeres que asumen cargos en la comunidad”, resalta y explica que este es uno de los logros de su organización. Una organización que nació ante la necesidad de las kukamas de hacerse escuchar en un momento en el que no se les permitía participar de todas las reuniones comunales u opinar en estas.

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Mary Luz en su comunidad antes de la pandemia. Foto: IDL

“Vimos que no íbamos a tener esta oportunidad de hablar si no estábamos organizadas”, explica. Por esta razón se reunieron, capacitaron e hicieron talleres para que las mujeres tengan espacios de participación pública. Como resultado, su organización, liderada por mujeres, hoy es la voz de 28 comunidades kukamas. Además, han logrado disminuir, de manera notable, la violencia contra la mujer en sus comunidades.

“Ahora hemos dicho que vamos a hacer una unidad entre varones y mujeres para reclamar nuestros derechos colectivos, hacer respetar nuestro territorio y toda la riqueza que nos quitan. Estamos en lo peor, somos los más pobres y no es justo que así lleguemos al Bicentenario. Entonces, vamos a luchar para que las futuras generaciones tengan una vida digna”, manifiesta la lideresa indígena.

Las mujeres kukamas esperan la construcción de una casa materna en la que se les atienda con enfoque intercultural. Foto referencial: Diego Pérez

Una casa materna y otras demandas 

Como parte de esta lucha, Mary Luz y la Asociación de Mujeres Indígenas Huaynakana Kamatahuaranakan, lograron en enero de este año ganar una demanda contra el Estado para que este redistribuya el canon petrolero en favor de las comunidades nativas, en especial de las mujeres de su pueblo.

“Lo que queremos es una casa materna donde las mujeres kukamas puedan tener a sus bebes como ellas quieran, en la posición en que quieran, se sientan seguras y puedan tomar sus plantas medicinales acompañadas de las parteras y de profesionales del centro de salud”, cuenta con emoción para luego decir que “ese es nuestro sueño”.

Asimismo, explica que tienen otros dos proyectos. “También estamos pidiendo una casa de acogida para las víctimas de violencia, para que ellas también, sean niñas o mayores, tengan un lugar donde puedan ser acogidas. A la par, queremos que el Gobierno pague profesionales para su atención. Y nuestra tercera demanda es la construcción de un complejo educativo, un colegio con primaria y secundaria”.

“Me da mucho coraje la vulneración de derechos”

Con estas demandas, explica Mary Luz, podrán mejorar sus condiciones de vida. Mientras tanto, asegura, ella y sus compañeras seguirán luchando porque lo que la mueve es el coraje que siente cuando nota la vulneración de derechos y discriminación hacia los pueblos indígenas.

“Nos discriminan un montón y eso me da más fuerza para seguir reclamando y luchando porque somos personas y nadie tiene derecho a discriminarnos o vulnerar nuestros derechos. Por eso, hoy quiero decirles a las mujeres peruanas, y también a las que están en otros países, que las mujeres debemos hacer llegar con fuerza nuestras quejas, defender nuestros derechos y poder luchar por la vida de las futuras generaciones. Como siempre digo, la discriminación me da más coraje para decir esta voz es mía”, resalta.

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Foto: Angela Rodriguez / SPDA

 

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