La cumbre de Barcelona evapora la posibilidad de alcanzar un acuerdo completo en Copenhague
Ecologistas han apilado hoy cientos de relojes a las puertas de la Feria de Barcelona, donde se celebra la cumbre del clima, para recordar a los líderes mundiales que el tiempo se agota para pactar una reducción de emisiones. La acción se enmarca dentro de la campaña 'TcK, Tck, Tck' (EL PAÍS, España)

Ecologistas han apilado hoy cientos de relojes a las puertas de la Feria de Barcelona, donde se celebra la cumbre del clima, para recordar a los líderes mundiales que el tiempo se agota para pactar una reducción de emisiones. La acción se enmarca dentro de la campaña 'TcK, Tck, Tck' (EL PAÍS, España)

Entre el 2 y el 6 de noviembre se desarrolla en Barcelona, España, una reunión preparatoria a la cumbre sobre cambio climático que se desarrollará en Copenhague (COP15), cerca de un mes después. Según al diario El País, en estos encuentros se ha hecho evidentes las diferencias para llegar a acuerdos futuros: “El exceso de derechos de emisión en Rusia y los países del Este de Europa amenaza con minar cualquier pacto”.

La cumbre de Barcelona evapora la posibilidad de alcanzar un acuerdo completo en Copenhague
RAFAEL MÉNDEZ – Madrid – 04/11/2009
El País

La posibilidad de que dentro de un mes haya en Copenhague un acuerdo completo y legalmente vinculante sobre el régimen de reducción de emisiones entre 2012 y 2020 que sustituya al de Kioto está cada vez más lejos. La UE ha admitido este miércoles por primera vez que puede no dar tiempo para ello, aunque oficialmente insiste en que ese es su objetivo. Sin cifras de reducción de emisiones ni de financiación de EE UU, con los países africanos alzando la voz y con las voces en la UE que ya abiertamente hablan de retrasar el acuerdo, Copenhague huele a humo. En lugar de un acuerdo vinculante, con sanciones para quien incumpla, quedaría reducido a un acuerdo político de alto nivel con compromisos concretos de reducción de emisiones. La negociación se retomaría en enero para conseguir ese acuerdo “lo antes posible”, en palabras del negociador jefe de la Comisión Europea, Artur Runge-Metzger.

La UE ha insistido en rueda de prensa en que “quiere un acuerdo completo y vinculante” de reducción de emisiones, como ha recalcado Alicia Montalvo, la directora de la Oficina Española de Cambio Climático y una de las portavoces de la UE como representante del país que presidirá la UE el próximo semestre. Sin embargo, a preguntas de EL PAÍS sobre si queda tiempo para alcanzar ese acuerdo, Runge-Metzger ha admitido: “Cada vez escuchamos más voces que dicen que el tiempo se ha acabado, incluyendo a algunos de nuestros líderes, que consideran que la negociación debería retomarse el año que viene. Eso se está discutiendo”.

La UE rompe así el tabú y admite que no haya un acuerdo completo en Copenhague, como se pactó en Bali hace dos años. Eso daría una salida a EE UU, que afirma que no aceptará ningún acuerdo hasta que el Senado apruebe la ley de recorte de emisiones, algo que muy probablemente se prolongará hasta el año que viene.

Los países en desarrollo insisten en que sí hay tiempo. La negociadora de Kenia, Grace Akumu, ha resumido su postura: “La UE va lanzando mensajes de que no hay tiempo y de que bastará un acuerdo político. Pero si los países ricos ponen reducciones sobre la mesa hoy, ¿quién dice que en un mes no hay tiempo?”. Sin embargo, el secretario de la Convención de Naciones Unidas para el Cambio Climático, Yvo de Boer, ha dejado claro que EE UU no anunciará ninguna cifra en Barcelona.

La negociación está tan verde que ni se ha entrado a ver qué pasará con el exceso de derechos de emisión de Rusia y los países del Este de Europa. Éstos recibieron, como compensación por la firma de Kioto, la posibilidad de vender los derechos derivados del cierre de las contaminantes y poco productivas fábricas soviéticas. Como EE UU no ha comprado derechos -España, sí- el mercado se ha quedado corto y aún acumulan entre siete y diez gigatoneladas de CO2, el doble de lo que emite la UE en un año”, según Runge-Metzger. Estos países exigen mantener la venta de derechos hasta 2020, pero hacerlo “minaría completamente un tratado con unos objetivos débiles”. Supondría que buena parte de la reducción de emisiones se haría sobre el papel, sin efectos reales sobre el clima. Para recortarlas habrá que compensar a estos países (algunos de ellos, como Polonia o la República Checa, en la UE) o endurecer los objetivos de emisiones para que la rebaja sea real.

El ritmo de las conversaciones va tan lento que los ecologistas comienzan a verlo negro. “Si el clima fuera un banco, ya estaría salvado”, resumían unas octavillas repartidas a la entrada de la cumbre, donde un grupo de activistas ha bloqueado simbólicamente (no impedía el acceso de los delegados, pues hay otras puertas) algunas de las puertas de la Feria de Barcelona. El presidente del G77 (grupo de 130 países en vías de desarrollo), el sudanés Lumumba Stanislaus, ha incidido en la misma idea: “No podemos aceptar la destrucción total del planeta como opción. ¿Cuánto han puesto los países ricos contra la crisis financiera? En un par de meses pusieron 1,1 billones y ahora dicen que no hay tiempo”.



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