Guardaparque Ilustre: “Los recursos naturales nos sirven a nosotros, y a toda la humanidad”

Pompeyo Guillén Huánuco. Fotografía personal de Facebook

  • Pompeyo Guillén protege el Parque Nacional Huascarán desde antes que este lugar se convierta en área protegida. Tenía 20 años cuando empezó. Hoy tiene 69 y es un ejemplo para las nuevas generaciones de guardaparques del país.

 

El Parque Nacional Huascarán es una de las áreas naturales protegidas más importantes del Perú. En sus 340 mil hectáreas resguarda los nevados tropicales más altos del mundo, y una extensa variedad de especies de flora y fauna. Por su riqueza a nivel de biodiversidad y paisaje, este lugar es el principal atractivo del Callejón de Huaylas, lo cual genera ingresos económicos a través del turismo.

Pese a estas características, que deberían ser motivo suficiente para conservar y proteger este lugar de imponentes nevados como el Huascarán y el Huandoy, el parque nacional está amenazado por diversas actividades como la minería ilegal, los incendios forestales, la caza ilegal y las invasiones. Sin embargo, existen peruanos que han entregado gran parte de sus vidas a resguardar este tesoro nacional. Uno de ellos es el guardaparque Pompeyo Guillén Huánuco.

El Parque Nacional Huascarán fue creado en julio de 1975, pero Pompeyo ya protegía este lugar desde 1974, cuando el Cuerpo de Paz de Estados Unidos le pidió apoyo para trabajar como vigilante en la quebrada Shallap, ubicada en el distrito y provincia de Huaraz (Ácansh). Cuando el parque nacional fue establecido, las autoridades de entonces no dudaron en mantener en su labor a Pompeyo, quien tiene el orgullo de decir que es uno de los primeros guardaparques de la zona, y hasta la fecha cumple esta labor.

“Desde 1974 trabajo en este lugar. Tenía 20 años. Empecé en el equipo de Glaciología, en la seguridad y consolidación de lagunas de la Cordillera Blanca. Empecé como vigilante, yo no sabía lo que era siquiera un área protegida, pero ahora trabajo no solo protegiendo el parque sino también impartiendo educación ambiental en el área protegida y en las entidades educativas”, cuenta Pompeyo Guillén, en conversación con Actualidad Ambiental.

Pompeyo Nicasio Guillén Huánuco tiene 69 años, es del centro poblado de Coyllur, en el distrito de Huaraz. Como todo todos los ancashinos de su generación, sobrevivió al terremoto del 31 de mayo de 1970, el más devastador del siglo XX, el cual destruyó gran parte de la capital ancashina y provocó el aluvión que desapareció del mapa a Yungay y Ranrahirca.

“En esa época tenía 16 años, todavía estudiando secundaria en Huaraz. Era una pena ver a la gente herida o muerta, gritando. En julio de ese año bajé a ver cómo estaba mi colegio y lo encontré destruido. Varios profesores estaban desaparecidos. Pero aun así, como sea ese año tuve que terminar el colegio, luego comenzar a trabajar”, recuerda el guardaparque, quien ahora vigila esos imponentes nevados e inmensas lagunas que, pese a su belleza paisajística, también podrían significar un peligro en un evento natural, aunque este riesgo disminuye considerablemente gracias a las personas como él, quien ayuda en el monitoreo y la buena gestión.

En esta zona, que también resalta por proveer agua a millones de personas, Pompeyo Guillén se ha dedicado además a la identificación de las aves y, sobre todo, de las plantas nativas. Una de las especies que más le ha llamado la atención y la que más ha estudiado es la Polylepis, más conocida como quenual o queñua, debido a su belleza y importancia en la retención de agua para luego formar riachuelos y manantiales.

Amenazas

El Parque Nacional Huascarán es uno de los mejores conservados en el país, pero las amenazas no han desaparecido pese a los casi 50 años que cumplirá desde que fue creado. La minería ilegal, los incendios forestales, la extracción de especies nativas, las invasiones, entre otros, son actividades con las que se tienen que enfrentar los guardaparques.

“Tenemos que estar vigilantes constantemente durante todo el día. Esas son las labores más difíciles de atender, pero no es imposible. Todos los días trabajamos para tener los resultados esperados”, nos cuenta.

En su labor de 49 años, Pompeyo Guillén también ha puesto en riesgo su vida, no solo durante la época del terrorismo, sino también ejerciendo su labor. En la década de 1990, por ejemplo, un incendio forestal en el sector Carpa del área protegida, donde se puede encontrar a la Puya Raimondi, casi le quita la vida.

“Tuvimos que apagar un incendio, controlarlo, pero casi nos envuelve el fuego porque era una pampa y un viento tipo de remolino. Felizmente tuvimos capacitación para salvarnos y lo mejor es que hasta ahora la capacitación ha sido constante”, asegura.

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Justo reconocimiento

Como casi los 800 guardaparques del país, distribuidos en 75 áreas protegidas, Pompeyo Guillén ha tenido que vivir en zonas alejadas, bajo las inclemencias de nuestro variado clima y la incomprensión de algunas personas que, a veces, no entienden la labor de estos protectores de nuestro patrimonio. Entre estas personas, a veces está la misma familia, cuyos integrantes –naturalmente– reclaman la presencia del ser querido en el hogar, pero luego entienden el sacrificio y la dedicación por la naturaleza.

“Durante 49 años, mi familia ya se ha acostumbrado. Al principio, mi esposa estaba disconforme, pero tenía que acostumbrarse porque yo llevaba el pan del día. Ahora reconocen mi trabajo y están muy felices, porque he llevado premios, he conseguido premios por mi labor”, dice con orgullo.

Uno de los últimos reconocimientos que ha conseguido Pompeyo Guillén es el Premio Carlos Ponce, uno de los galardones más importantes del país. En setiembre pasado, fue distinguido como “Guardaparque Ilustre” por su “papel crucial en promover la conservación de diversos ecosistemas, demostrando un compromiso inquebrantable con la conservación del patrimonio natural, cultural y de sus comunidades circundantes”.

El mencionado galardón también le fue entregado, según apunta Conservación Internacional, por “su trabajo para fortalecer el liderazgo juvenil en la conservación, buscando así asegurar las futuras generaciones de protectores ambientales”.

El ejemplo que está dejando Pompeyo Guillén está siendo replicado entre los más jóvenes guardaparques de Áncash y de todo el Perú. Y para ellos tiene un mensaje: “Sean responsables, vístanse la camiseta de Sernanp, siempre, no hay que estar solamente por dinero. Deben estar entregados a la protección de nuestros recursos naturales que nos sirven de vida y alimento a nosotros, y a toda la humanidad”.

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