¿Cómo traducir las negociaciones del clima al lenguaje ciudadano? Acá cuatro ideas centrales

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Escribe Mónica Araya
(Economista costarricense, Fundadora y Directora de Nivela y Costa Rica Limpia. Fue-negociadora en cambio climático por Costa Rica y participó en la creación de AILAC)

Un sentir ciudadano a favor de la calidad de vida es palpable. Menos contaminación, más espacios verdes y fácil acceso a transporte limpio y digno. Estas nuevas aspiraciones entran en un imaginario ciudadano que además ve con buenos ojos una transición a la energía renovable. Una petición en línea que pedía a los gobiernos optar por la energía limpia al 100 por ciento fue apoyada por 2 millones de personas en el mundo. La Marcha Popular por el Clima del 21 de septiembre pasado marcó un hito. Más de 400.000 ciudadanos caminaron pacíficamente por las calles de Manhattan apoyados por 3.000 actos que iban desde Bogotá hasta Sydney. Hubo marchas en 166 países con lúcidas expresiones ciudadanas a favor de una economía que no dañe la salud de las personas, que crezca a través de energía renovable y sea justa.

Este 2 de noviembre la comunidad científica internacional, el IPCC, publicó su más reciente y sólida confirmación de la realidad y urgencia de cambio climático. La pregunta no es si existe o no sino cómo y cuando hacer desde ya. Al ciudadano latinoamericano le preocupa el cambio climático según lo muestra una encuesta del BID. Sabe que es un problema real y que puede llegar a impactar su entorno.

La Conferencia del Clima de las Naciones Unidas se realiza en Lima. La “COP20” (la veinteava conferencia de las partes según siglas en inglés) consistirá en dos semanas de negociaciones entre gobiernos complementadas por actividades paralelas. ¿Qué se espera? Salir con un borrador de texto para ser negociado en 2015 y acordado en diciembre 2015 en París. Un pilar del acuerdo de París será la sumatoria de las medidas que cada país autodeterminará. Dado que los gobiernos escogen sus propias acciones, estas deberían ser escogidas con transparencia.

TRADUCIR LAS NEGOCIACIONES AL LENGUAJE CIUDADANO

El proceso de Lima al París ofrece una oportunidad única en la región: capturar las prioridades ciudadanas en materia de desarrollo y calidad de vida de forma que queden reflejadas en los compromisos de los gobiernos.

Propongo unos pasos básicos para que acercar a los gobiernos y negociadores a la ciudadanía:

  • Coloquios: Los negociadores deben explicar la posición nacional de cara a la COP20 y al acuerdo de París 2015. Se deberá publicar en línea la posición nacional antes de la COP y la composición de la delegación.
  • Traducción: Después de la COP20 se deben “traducir” los resultados en y explicar las expectativas para el acuerdo de París 2015 en lenguaje no-técnico.
  • Consultas: Antes de Marzo 2015, se deben consultar públicamente las prioridades nacionales a ser llevadas a París 2015 para evitar una posición nacional que solo refleje la postura del equipo negociador.
  • Preparación: Crear condiciones favorables en la opinión pública para la adopción de compromisos nacionales de cara al acuerdo climático de París. Estos compromisos deberán recibir apoyo fuera del gobierno.

Hay mayor conciencia de la necesidad de transparencia. La Asociación Independiente de América Latina y el Caribe (AILAC), creada en 2012 por Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Panamá y Perú, pone en línea sus posiciones desde 2014. Este año, Brasil también ha iniciado un proceso de consultas públicas para explicar su posicionamiento hacia París 2015 e interactuar con la sociedad civil.

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MEDIDAS URBANAS SON CLAVE

En América Latina, la agenda urbana es el vínculo natural entre la ciudadanía y los compromisos de reducción de emisiones. Las acciones climáticas enfocadas a mejoras en el transporte público deben y pueden ser una de las bases de nuestros compromisos para reducir emisiones y no aumentarlas en el futuro. Estas medidas reducirían la contaminación, ayudarían a quemar menos combustibles fósiles, y esto ayudaría no solo a combatir el cambio climático sino a aumentar la calidad de vida en la ciudades. De hecho una encuesta del BID a 5.000 ciudadanos reveló que el transporte es una de las cinco grandes prioridades.

Hay precedentes positivos en esta línea. En Chile, Michele Bachelet ganó apoyo para “un impuesto verde” que le pone precio al carbono proveniente de autos como parte de una gran reforma fiscal. En la Cumbre del Clima de las Naciones Unidas, Luis G. Solís, Presidente de Costa Rica, anunció que la inversión en un tren metropolitano sería uno de los pilares para que mi país sea carbono neutral en 2021. Es conocido también que Colombia ha sido pionero en cuanto a medidas en transporte limpio.

Cerca del 82% de la población latinoamericana vive en ciudades lo cual representa el índice de urbanización más alto del planeta. Nuestra región tiene las condiciones idóneas para – y la obligación moral de – integrar una nueva visión de desarrollo urbano en nuestros compromisos climáticos a partir de 2020. Que el calor de las negociaciones no eclipse esta realidad ciudadana en América Latina.

Es hora de hacer la transición del transporte sucio, caótico e indigno a un sistema moderno, público y limpio. Tendría beneficios para el clima y para la vida cotidiana de millones de personas. La COP en Lima debe marcar un punto de inflexión: una nueva consciencia de que lo llevado por los gobiernos en el marco del Acuerdo de París 2015 sólo será exitoso en la medida que refleja prioridades consensuadas con la sociedad.

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Artículo publicado previamente en el diario La República



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