Alfredo Zambrano: medio siglo demostrando que se puede aprovechar el bosque y conservarlo al mismo tiempo

  • Proviene de una familia castañera y ha transmitido este legado a sus hijos que hoy recolectan este valorado fruto que es el sustento para decenas de familias de Tahuamanu (Madre de Dios).

martes

29 de septiembre, 2026

Foto: Osinfor

 

A los siete años, Alfredo Zambrano Tapia empezó a caminar por el bosque, junto a sus nueves hermanos, para acompañar a su padre a buscar cocos de castaña (Bertholletia excelsa) en La Novia, Tahuamanu (Madre de Dios). Desde entonces aprendió todo sobre la nuez amazónica y otras especies forestales que crecen en uno de los departamentos más biodiversos del país.

Hoy, a sus 57 años, sigue recorriendo estos mismos senderos, pero ahora camina junto a sus dos hijos, con quienes compartió todo lo aprendido de su padre y de sus años de experiencia, pues el bosque que conoció de niño se convirtió en su lugar de trabajo. En un área de 509.41 hectáreas, recolecta los frutos de 415 árboles y moviliza más de 20 toneladas de la nuez amazónica.

Alfredo sabe que recoger castaña es una tarea que se planifica todo el año. La campaña comienza mucho antes de que caigan los primeros cocos. En octubre, Alfredo y sus hijos ingresan al bosque para limpiar los caminos que los llevarán hasta los castañales, porque saben que los frutos empiezan a caer en diciembre y quieren estar listos para cuando tengan que recogerlos en la temporada de enero a marzo.

Alfredo conoce bien los tiempos y a los árboles de castaña que están dentro de la concesión que el Estado le otorgó para el aprovechamiento sostenible de este fruto. “Yo sé de cuál árbol cae primero la castaña y de cuál cae último. Nosotros vamos con nuestras payanas en mano, ingresamos al bosque y recogemos cada coco en nuestras canastas. Tenemos que ser rápidos; si no, al otro día no encontramos nada”, cuenta.

Tras recorrer los bosques, cada uno recolecta al menos tres sacos de 70 kilos por día. Luego lo trasladan en moto carguera hasta el payol ubicado en el predio de uno de sus hermanos, donde permanece almacenada hasta que es recogida por la Asociación de Recolectores Orgánicos de Nuez Amazónica de Perú (RONAP), de la que Alfredo es socio. A través de esta organización que certifica su castaña, el fruto inicia su camino hacia los mercados de exportación.

Según la época, cada saco puede alcanzar entre 300 y 500 soles. Pero el precio cambia y Alfredo lo sabe bien. Por eso, tiene en su ideal promover la asociatividad en más castañeros para que al vender su producto, el precio mantenga el nivel que les permita tener la rentabilidad para seguir con la recolección de la castaña.

Foto: Osinfor

Una experiencia que se comparte

Con los años, el trabajo de Alfredo comenzó a dejar huellas. En 2023, recibió una constancia de cumplimiento de obligaciones por el aprovechamiento sostenible de la castaña. Dos años después, obtuvo otra por la extracción responsable de madera. Ambos documentos, otorgados por el Organismo de Supervisión de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre (Osinfor), constituyen buenas prácticas forestales que le permiten acceder a un descuento del 15 % en el pago por derecho de aprovechamiento de estos recursos.

Su forma de trabajar también fue reconocida durante el XIII Festival de la Castaña de Madre de Dios, tras obtener resultados favorables en la auditoría quinquenal del Osinfor que le permitirá ampliar el plazo de gestión de su concesión hasta por cinco años más. Además, el bosque que gestiona fue escenario de la primera pasantía especializada en el manejo sostenible de concesiones forestales no maderables por su buen desempeño.

Según Osinfor, detrás de esos resultados hay algo más importante: el compromiso de un titular que conoce sus obligaciones y las incorpora a su trabajo cotidiano. “Cuando un titular maneja responsablemente sus recursos forestales, se convierte en un ejemplo para otros usuarios y demuestra que es posible aprovechar los mismos de manera responsable y sostenible”, destaca Giancarlo Silva Tello, coordinador del mencionado organismo en Puerto Maldonado.

El camino que recorrió Alfredo junto a su padre, hoy es transitado también por sus hijos, y esta práctica se ha convertido no solo en parte de un legado familiar, sino en un ejemplo de aprovechamiento sostenible que hoy es reconocido por las autoridades. Él y su familia demuestran que se puede generar ingresos y proteger el bosque a la vez, y lo certifican más de 50 años de trabajo.

Foto: Osinfor

 

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