Salomón Vílchez Murga: artífice del primer parque nacional del Perú
- En 1961, el docente y diputado cajamarquino Salomón Vílchez Murga impulsó en el Congreso la creación del Parque Nacional Cutervo. En el siguiente artículo, Marc Dourojeanni reseña la trayectoria del exlegislador y el proceso político que dio origen a la primera área protegida de esta categoría en el Perú.
jueves
22 de octubre, 2026

Foto: Mincetur
Escribe: Marc Dourojeanni / Profesor emérito de la Universidad Nacional Agraria La Molina
¿Saben que solamente hay dos parques nacionales del Perú que fueron establecidos mediante leyes? Todas las demás áreas naturales protegidas nacionales del país, aunque solo se pueden alterar mediante ley, han sido creadas por decretos supremos. Y eso se debe al diputado Salomón Vílchez Murga en 1961 y al senador Carlos Showing en 1965. Curiosamente, los dos parques tuvieron por finalidad central proteger cuevas[2] de guácharos (Steatornis caripensis), respectivamente en Cutervo (Tingo María) y en Tingo María (Huánuco).
Cuando en 1964 Paul Pierret[3] y yo comenzamos a trabajar el tema de las áreas naturales protegidas, nuestra propuesta era olvidar esos dos parques pues, técnicamente, eran inaceptables. En efecto, no se establece un parque para proteger una sola especie, menos si esta vive en cuevas. La categoría cierta, en esos casos, es un santuario nacional. Además, esas leyes no fijaban límites ni áreas ni presupuesto. Y, en el caso de Tingo María, la ley decía textualmente “en la ciudad de Tingo María”. Parecían casos perdidos. Pero, Antonio Brack acompañado por Vílchez visitó Cutervo[4] y quien escribe y Augusto Tovar visitamos Tingo María[5] y el destino por entonces muy incierto de esos dos lugares cambió.
¿Quién fue Salomón Vílchez?
En 2022 describí a Vílchez como “un modesto maestro de escuela del interior del Perú y discreto político y congresista que, sin embargo, ha sido el indiscutido y meritorio autor del primer paso concreto para hacer realidad el establecimiento de un parque nacional en el Perú. Es fácil, o más bien, difícil imaginar la tremenda lucha que Vílchez debió confrontar para materializar su obra precursora en una época en que proteger espacios naturales era considerado cosa de chiflados” [6]. Hoy reviso y amplío un poco ese resumen.
Vílchez nació en Cutervo, Cajamarca, el 24 de mayo de 1907. Estudió la primaria en el Centro Educativo 1011 de Cutervo. Cuando tenía 17 años se hizo cargo de la escuelita del pueblo de Callayuc y terminó sus estudios secundarios en el colegio “San Juan” de la provincia de Chota. Se diplomó como profesor normalista. En 1931 se mudó a Arequipa, y de desempeñó como docente en la escuela del pueblo de Tambo. Ingresó en la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa, donde obtuvo el grado de bachiller en ciencias biológicas, y el título en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Gran parte de su juventud fue dedicada a la educación en Cutervo donde volvió para ejercer su profesión en el colegio nacional Toribio Casanova (fundado en 1933), dictando las asignaturas de anatomía, zoología, botánica, historia y geografía. También incursionó en el periodismo local. Fue director de “El Preludio” de Chota y fundó el periódico “Voluntad”, que desapareció. Era un personaje inquieto con diversos intereses, entre ellos la arqueología y la historia, la naturaleza y también la música, pues era compositor. Según él mismo habría descubierto, en 1947, las cuevas de San Andrés en Cutervo durante una excursión con sus alumnos. También sugiere haber sido el descubridor y, sin duda, fue el divulgador de las pinturas rupestres de Llipa. Pero su mayor vocación, además de la educación y el periodismo, fue la política. En 1950 fundó la Federación Cultural Cutervo (hoy la Asociación Cultural Cutervo) de la cual fue el primer presidente, y en 1956 fue elegido diputado por la región de Cajamarca cargo que ejerció hasta 1962. Aunque sus ideas parecían ser de izquierda y que fue líder gremial en educación, su registro parlamentario fue con el Movimiento Democrático Pradista. En sus seis años como diputado, impulsó la integración cajamarquina con la carretera longitudinal, y en 1961 presentó un proyecto que fue considerado pionero para crear un Servicio Nacional de Control de la Natalidad (1961)[7], el cual no fue aprobado. Pero consiguió la creación del primer parque nacional del Perú.
Concluido su período como diputado, Vílchez se quedó en Lima. En 1967 presentó, en el Tercer Congreso Peruano del Hombre y la Cultura Andina, el trabajo “Testamento Pictográfico de Llipa”. En 1968 se desempeñó como catedrático de la Universidad Nacional Faustino Sánchez Carrión, de Huacho. Probablemente en 1963, a falta de otra opción, se incorporó como funcionario a tiempo completo en el Servicio Forestal y de Caza cuando Flavio Bazán, también cajamarquino, era el jefe y continuó cuando este fue transformado en la Dirección General Forestal y de Fauna, ocupando un puesto en la dirección que, a partir de 1973, fue liderada por Carlos Ponce. En ese lapso se le envió a un curso sobre áreas protegidas organizado por el US National Park Service y la Universidad de Michigan en un esfuerzo para capacitarlo e integrarlo mejor al equipo de jóvenes profesionales que eran liderados por Carlos Ponce y Antonio Brack. Vílchez estuvo allí, hasta su jubilación, probablemente en 1977.
En 1978 fundó el Centro Espeleológico del Perú. Volvió a Cutervo y en las elecciones municipales de 1983 fue elegido alcalde provincial de Cutervo, cargo que culminó en 1986. En este periodo, además, compuso el himno provincial de Cutervo. Falleció el 24 de noviembre de 1994, a los 87 años.
Vílchez también fue escritor prolífico e inclusive dramaturgo. En 1936 escribió el libro “Orientación Sexual” y, posteriormente, los libros “Educación Cívica y Moral”, “Mi Primer Libro” (1938), “El Cuerpo Humano” y el premonitorio “Adiós Maldito Licor”. Publicó también el poemario “Espíritu del Mundo” del que se destaca el poema “Perlamayo”. En 1944 publicó la monografía “Breve Visión Histórica de Cutervo”, y en 1960 la novela histórico-costumbrista “Fusiles y Machetes”, posiblemente su obra más conocida, inclusive reeditada. Finalmente, en 1968 publicó “Los Parques Nacionales del Perú”[8] y también escribió “Yo Viví Quinientos Años”, trabajo que aparentemente no fue publicado. También era músico y compuso varias obras musicales. Su “Romance del Ilucán” fue escenificado en 1947 y 1984.
Sus obras no pasaron desapercibidas y recibió varios honores en vida. En 1936, la municipalidad de Arequipa lo condecoró con un Diploma de Honor al mérito por la publicación de su libro “Orientación sexual”, primer intento racional para encarar ese problema en el mundo escolar peruano; en 1966 recibió Orden al Mérito por Servicios Distinguidos en el Grado de Comendador, en mérito a su labor por la conservación de la naturaleza; en 1986 la Municipalidad Magdalena del Mar lo declaró Personaje Ilustre y ese mismo año la municipalidad de Miraflores le otorgó la honra “Homenaje a los Pioneros”; en 1989 la “Avanzada Cutervina” de Chiclayo le concedió la Medalla de Oro y Pergamino Conmemorativo. Finalmente, en 1993 fue declarado Hijo Predilecto de Cutervo por la Municipalidad Provincial de Cutervo, donde tiene una estatua a él dedicada.

Parque Nacional de Cutervo. Foto: Sernanp
Creación del Parque Nacional Cutervo
¿De dónde sacó Vílchez la idea de hacer un parque nacional en un país dónde hasta mitad de la década de 1960 prácticamente nadie hablaba de eso? Todo indica que se inspiró en un escrito del ingeniero agrónomo Carlos A. Barreda, que fue ministro y senador y que en 1940 publicó un discurso intitulado “Los parques nacionales” que, pese a tratar solamente de generalidades, fue la primera publicación peruana sobre ese tema. Barreda también presidía el Comité Nacional de Protección a la Naturaleza que existió entre 1940 y 1971 y que a su turno había sido promovido en torno a la Convención de 1940 para la Protección de la Flora y la Fauna de las Bellezas Naturales de los Países de América”[9]. El interés de Vílchez por proteger las grutas de San Andrés de Cutervo encontró así una base y una expresión concreta para su proyecto de ley, que se convirtió en una de sus principales batallas durante su gestión como diputado nacional.
Buscó apoyo en el mencionado Comité de Protección a la Naturaleza del que llegó a ser miembro pero que no lo ayudó y, asimismo, procuró al jefe del sector forestal, Flavio Bazán. Este, formado en EE. UU., sabía lo que era un parque nacional, pero nadie en su equipo -recuérdese que eso pasó a fines de la década de 1950- tenía noción del tema. Sin embargo, Bazán destacó a Cutervo a Luis Cueto, uno de sus mejores profesionales y al técnico Carlos Kormendi, para ayudar a Vílchez a mejorar su proyecto de ley, que ya estaba entrampado en una comisión del Congreso. Pero este no aceptó ninguna sugerencia. Pese a ello y, contra viento y marea, consiguió que el proyecto fuera finalmente aprobado por el Congreso, de donde siguió su camino para la firma del presidente de la República.
Según me lo relató el propio Bazán, el presidente Manuel Prado rechazó el proyecto por encontrarlo “raro” y, en especial, porque le enojó ver que un artículo del proyecto disponía que el jefe del propuesto parque fuese específicamente un biólogo graduado en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Con el proyecto de vuelta en el Congreso, Vílchez -luchador tenaz además presionado por el hecho de que su mandato en el Congreso terminaría pronto- no se amilanó. Con enorme esfuerzo y aprovechando de las tensiones políticas, consiguió que el rechazo del poder ejecutivo sea revirado, logrando que su proyecto de ley fuese promulgado por el mismo Congreso, con la firma de su presidente, Armando de la Flor Valle, pasando encima de la oposición presidencial, aunque en la versión aprobada se eliminó el artículo sobre la jefatura del parque. Así, un 20 de septiembre de 1961 fue creado el primer parque nacional del Perú, el Parque Nacional Cutervo, por Ley 13694.
La Ley 13694 tiene características inusitadas. Entre las disposiciones, que no incluyen parámetros geográficos, se indica que “comprenderá las grutas y los bosques naturales adyacentes sobre una extensión de veinticinco kilómetros cuadrados,” se establece que el Ministerio de Agricultura fomentará “la conservación y utilización racional de las tierras de cultivo en la región circunvecina al Parque Nacional; el incremento y protección de la pequeña propiedad, base de la actual prosperidad del valle de San Andrés de Cutervo; y el aprovechamiento y estimulo del espíritu de colaboración y de progreso que anima a los actuales moradores del lugar, para el establecimiento de un Servicio de Fomento Agropecuario”. También manda establecer un vivero forestal y fomentar el turismo. La ley asimismo indica que durante cuatro años se “consignará en el presupuesto las partidas necesarias para las expropiaciones necesarias” y para realizar trabajos iniciales, lo que obviamente fue incumplido.
Se debe reconocer que esa ley tenía elementos válidos y sorprendentemente actuales, ampliamente aplicados en muchos países a partir de los años 1980 en que el socioambientalismo pasó a dominar la temática de las áreas protegidas[10]. La propuesta de Vílchez, pionera en la época, corresponde bastante bien a lo que hoy aplican países como Brasil en categorías como las “áreas de protección ambiental”, las “reservas extractivistas”, las “reservas de desarrollo sostenible” y varias otras categorías semejantes y, hasta cierto punto, también en el Perú con las “reservas comunales”. Incluía medidas para la restauración ambiental con un vivero forestal y hablaba de turismo. Y determinaba el incremento y protección de la pequeña propiedad además de fomentar la agricultura, todo lo que está bien si se hubiese designado dónde eso sería realizado. Formalizar la propiedad privada es importante en la zona de amortiguamiento, pero es incompatible con la función de los parques nacionales si se hace dentro de estos. Todo eso era confuso y discrepante con los criterios aprobados en la Convención de Washington que era la única guía formal disponible.

Salomón Vílchez y su obra más conocida.
Por otro lado, hay que entender el absoluto vacío legal y técnico que rodeaba por entonces el tema de las áreas naturales protegidas. Exceptuando la mencionada Convención literalmente no había nada. Es solo con la Ley 14552 de 1963 que la legislación peruana mencionó, por primera vez, a los parques nacionales. Por tanto, la ley que creó el Parque Nacional Cutervo constituyó un precedente de uso del nombre, pero, en realidad, no definió lo que era un parque nacional y, más bien, generó mensajes contradictorios pues, como dicho, incluía usar los recursos, divergiendo de lo que indicaba la Convención de Washington en la que se apoyaba. Por otro lado, hasta 1969 no existió ninguna dependencia del Estado encargada de áreas protegidas. Había, en cambio, una pequeña división responsable de los asuntos relativos a la fauna silvestre y a la caza cuyo jefe, a mediados de los años 1960, era Juan Francisco Filomeno y sus funcionarios, entre pocos más, eran León Kostrisky, Benjamín Almanza, Salomón Vílchez y José Manuel Linares. También se incorporaron al grupo los ingenieros Ernesto Melgar y, a partir de 1967, Carlos Ponce. El tema de las áreas protegidas solo apareció formalmente en el aparato estatal peruano en 1969, como una dependencia especializada denominada Subdirección de Unidades de Conservación de la Dirección de Conservación. Eso ocurrió cuando el Servicio Forestal y de Caza fue transformado en Dirección General Forestal y de Caza. El director continuó siendo Filomeno, pero el jefe de esa nueva subdirección fue Carlos Ponce del Prado quien, por eso, debe ser reconocido como el primer jefe del Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado. El único funcionario del que Ponce dispuso entre 1969 y 1973 fue Salomón Vílchez y ni siquiera contaba con una secretaria.
Obviamente, estando en el sector forestal, Vílchez hizo lo que pudo para ayudar a implementar su parque al que, en ese periodo no se asignó un presupuesto. Fue en parte atendido. En efecto, en 1964, Bazán destacó al ingeniero Roberto Hooker Leguía, para tratar de demarcarlo, pero este encontró una situación caótica de tenencia de la tierra[11]. Por eso, en 1965, se pidió a la Dirección de Colonización que suspenda las adjudicaciones de “tierras de montaña” en Cutervo, hasta determinar las que serían asignadas al Parque. La respuesta fue positiva, pero las invasiones continuaron. Hubo una investigación especial con relación al fundo Silugán de un tal Zenobio Flores, escandalosamente en agravio del parque. Ese mismo año se emitió la R.M. 0445-68-AG que prohibió la tala de bosques, su quema y caza en la Cordillera de Tarros por encima de 2400 m s. n. m. en el lado oriental y de 2 200 m s. n. m. en el lado occidental. También en 1968 se logró la emisión de la R.M. 0447-68-AG/SFC que dicta medidas para la conservación efectiva del Parque Nacional Cutervo. Luego, entre 1968 y hasta 1972, en que se realizó otra inspección al área, nada se hizo por Cutervo[12]. En esencia, el área seguía abandonada y cada vez más depredada.
El movimiento para el establecimiento de un sistema nacional de áreas protegidas promovido en la Universidad Nacional Agraria por Paul Pierret y quien escribe ya se había lanzado y como resultado de este existía ya en 1965 un primer plano del sistema[13] que, en base a las evidencias disponibles, incluía Cutervo con las 2500 hectáreas de extensión hipotéticas fijadas en la ley, entre otra docena de propuestas. A fines de 1973, además de Cutervo y Tingo María, que existían solo en el papel, otras áreas como Pampa Galeras, Pacaya Samiria y el Manu, que ya estaba reservado, funcionaban con presupuesto y personal. La opinión de Pierret y Ponce como la mía y asimismo expresada por Ian Grimwood[14], era que tanto Cutervo como Tingo María fuesen transformados en santuarios nacionales. Obviamente Vílchez conocía bien nuestra opinión y, sin duda, eso no contribuyó a una buena relación con él.
Pero, habiendo sido designado jefe del sector forestal (1973-1979) me correspondió tomar la decisión sobre Cutervo y preferí, prudentemente, hacer una última evaluación. Así, en 1974, enviamos al área a nuestro mejor experto, Antonio Brack, acompañado por Salomón Vílchez y otros dos funcionarios. Y eso fue la salvación de Cutervo. La recomendación del equipo no solo fue ratificar la necesidad de proteger la Cueva de San Andrés entre otras, sino, muy en especial, de aprovechar de la oportunidad para ampliar el parque para incluir también, como sugerido antes por varios otros científicos, buena parte de la Cordillera de Tarros. Esa misión encontró que el área tenía mucho valor biológico, con una gran diversidad de especies raras, inclusive el oso de anteojos. El famoso botánico Augusto Weberbauer había descrito el lugar como “un paraíso para los botánicos” debido a la enorme diversidad de plantas concentradas en un espacio relativamente pequeño. Además, el área recomendada para la ampliación incluía restos arqueológicos importantes, inclusive los petroglifos y las ruinas de Llipa, ya mencionadas por Vílchez y varias otras igualmente importantes. De otra parte, el espacio propuesto ofrece paisajes espectaculares y bellas cascadas, como las de Choro Blanco y Tarros. En conclusión, la misión regresó entusiasmada.
Brack, durante el viaje, constató el profundo conocimiento de Vílchez sobre la gente, que lo recibía con fiesta en todos los lugares por los que pasaron, por lejanos que estuviesen. También quedó impresionado de sus conocimientos sobre la geografía e historia de su tierra.
El informe Brack[15] propuso una ampliación a 24 mil hectáreas, es decir diez veces más que la propuesta de Vílchez. Pero esa, aunque aceptada técnicamente, no pudo ser materializada porque encontró dificultades insalvables debido a la confusa tenencia de la tierra y a que el parque solo podía ser modificado mediante otra ley. Aun así, a partir de entonces, el área propuesta fue beneficiada con un jefe y con algunos guardaparques, en números variables conforme el periodo y el presupuesto. Pero no dispuso de plan de manejo y apenas se realizaban tareas de protección, concentradas en la cueva de San Andrés, donde siempre hubo visitación.
Finalmente, en el año 2000 se hizo una nueva propuesta que fue ajustada en el 2001, abarcando una extensión de 8675 hectáreas dividida en dos sectores. Esta delimitación fue reajustada y aprobada por Ley 28860 del 3 de agosto de 2006, quedando el parque con 8214 hectáreas divididas en un sector sur con 5785 hectáreas y un sector norte con 2430 hectáreas. Desde el 2010, el parque cuenta con un plan de manejo bastante bien elaborado, dispone de un presupuesto obviamente modesto y cuenta con funcionarios en el lugar. En 2007 se creó una zona de amortiguamiento de casi 20 mil hectáreas alrededor del parque[16].
La significancia de la iniciativa y del esfuerzo de Salomón Vílchez
Se puede gustar o no de Salomón Vílchez que, siendo humano, tenía muchos defectos. Pero es imposible no reconocer que era un personaje excepcional, más aún cuando su origen era relativamente humilde y que pasó la mayor parte de su vida en un lugar pequeño y aislado como Cutervo que, fundado en 1560, apenas tenía 50 mil habitantes en 2020. Eso no fue óbice para que se formara bien y que desarrolle una enorme diversidad de intereses y conocimientos en temas sobre los que obviamente tenía muy poco acceso para inspirarse e informarse. Expresó sus intereses a través de la educación, la literatura, el periodismo, la música y también de la política. Sus libros, unos 12 publicados y otros inéditos, aunque muy poco conocidos, abarcan temas de una notoria diversidad, pasando de la historia a la arqueología, a la biología, a la espeleología y a cuestiones sociales, filosóficas e inclusive médicas. Sus músicas son muy apreciadas y además era un gran organizador de actividades, como las visitas a la región con sus alumnos, lo que se cuenta le permitió descubrir la famosa cueva que dio lugar al parque. Asimismo, organizó periódicos, asociaciones, etc. Y, claro, aunque se pueda decir que como congresista logró poco, él hizo mucho más que la enorme mayoría de los ciudadanos electos a esos cargos. Si las dictaduras no hubiesen eliminado su posibilidad de volver al Congreso, es probable que fuese reelecto en algún momento. De hecho, su popularidad lo reeligió, esa vez como alcalde de su ciudad natal.
Se puede pensar que Carlos Showing, el senador que cuatro años después de Cutervo, creó el Parque Nacional Tingo María merece tantos elogios como Vílchez, pero eso no sería justo. Para comenzar, Showing ya tenía el precedente pues, establecer una reserva en Tingo María, había sido sugerido una década antes por los agrónomos de la Estación Experimental Agrícola de Tingo María, ciudad nueva, pero que además reunió distinguidas personalidades europeas que llegaron como colonos e ingenieros peruanos de alto nivel para construir la carretera que conocían y apreciaban la “Cueva de las Lechuzas”. De otra parte, Showing nació en Huánuco, una ciudad 20 veces mayor que Cutervo, era de elevado nivel social, hizo un posgrado en Europa, además era un médico prestigioso y político destacado a nivel nacional y regional. Su proyecto de ley fue firmado por el presidente Belaúnde sin restricciones. Por eso, sin tirar ningún mérito a Showing, la hazaña de Vílchez es incomparablemente más meritoria.
La hazaña de Salomón Vílchez rompió una inercia vergonzosa para el Perú y abrió el camino a lo que vino después. Por eso, debemos conocer y reconocer la importancia de su iniciativa y, en especial, agradecer el inmenso sacrificio personal que, sin duda, le permitieron hacerla realidad.
_______________________________________________________________________________
*La sección “Debate Abierto” es un espacio de Actualidad Ambiental donde diversos especialistas publican artículos o columnas de opinión. Las opiniones son enteramente responsabilidad de los y las columnistas.
_______________________________________________________________________________



