Voces de Madre de Dios #2: El legendario “Apaktone”
Apaktone
Foto: causadebeatificacionapaktone.org

Escribe: Guillermo Reaño #MadredeDiospuede

Apaktone (en la nueva grafía harakbut: apagntonë, papá sabio-anciano), fue el nombre que recibió el legendario misionero dominico Fray José Álvarez Fernández, que trabajó durante 53 años en las selvas de Madre de Dios.

El padre José Álvarez Fernández fue el más carismático, legendario y excepcional misionero dominico que ha tenido Madre de Dios. También llamado “Papachí”, Álvarez recorrió esta selva en diversas expediciones desde que llegara de España (es asturiano de origen) a Puerto Maldonado, en 1917.

Cuenta Álvarez:

Recibí el orden sacerdotal en 1916; llegué al Perú en 1917; mis primeros encuentros con los nativos fueron en el estado de beligerancia, hostilidad y persecución que desde tiempo inmemorial tenían con ellos los caucheros e industriales; la menor idea de internarse en la selva, morada de las tribus, para llevarles el mensaje cristiano era, si no utópico, sí considerado arriesgadísimo; llegué hasta ellos y fue tal el asombro que les causó al verme a mí, sólo entre ellos, hablándoles en su lengua, que logré lo que nadie había soñado, calmar odios y allanar miles de dificultades.

De fácil trato, de semblante siempre risueño, gestos cercanos y amables, voz cordial y tono amistoso, pasó más de cincuenta y tres años (de los ochenta que vivió), entre ríos y bosques en pacífica convivencia con los indígenas amazónicos de diferentes pueblos.

Foto: causadebeatificacionapaktone.org

Considerado como símbolo del misionero, aún sin saber nadar y ser de naturaleza temerosa, recorrió esta selva por años. Algunos lo llamaron loco y quijote, pero fueron más los que lo reconocieron como un héroe y un santo. De hecho, el año 2000 se inició su proceso de beatificación.

Álvarez poseía un admirable don para las lenguas indígenas, llegó a hablar y dominar varias de ellas. Escribió diccionarios y gramáticas sobre algunas de ellas, lo que le permitió que su comunicación fuera intensa y fluida con los pueblos que tuvo contacto en los ríos Madre de Dios, Tahuamanu, Tambopata, Heat, Acre, Malinowski, Colorado, Manu, Iñapari, Candamo… y tantos otros.

Llegué hasta ellos y fue tal el asombro que les causó al verme, a mí, solo entre ellos, hablándoles en su lengua, que logré lo que nadie había soñado, calmar odios, allanar miles de dificultades e ir planeando las bases de pequeñas misiones.
Los primeros contactos fueron con los de la tribu Huaraya; siguió la Toyeri e Iñapari y en 1940 emprendimos las exploraciones al río Colorado con los hasta entonces “feroces” Mashcos.

Su espíritu evangélico, misionero y aventurero le condujo a pasar largas temporadas en la selva donde experimentó multitud de sufrimientos y decepciones, conoció el hambre y no pocas enfermedades, estuvo a punto de morir en varias ocasiones, unas veces por naufragios, en las numerosas correntadas y cachuelas de los ríos, otras por perder la orientación en mitad del bosque, y otras en la incertidumbre del contacto inicial con grupos indígenas como los Harakbut.

Foto: causadebeatificacionapaktone.org

Para él todas estas cosas las disculpaba por la enorme alegría, verdadera conmoción interior, que experimentada cuando se encontraba, como él mismo decía, con los ‘hijos de la selva’, sus ‘príncipes y princesas’.

Más que impresionado por el colorido del paisaje o embriagado por los aromas de sus flores y frutas maduras, era el encuentro con los indígenas y su trato con ellos lo que llenaba su corazón y le calmaba sus deseos.

En mis planes, con el auxilio de Dios, no habrá cambios jamás. Como buen soldado siempre en la brecha, o aquí en Lima curándome de mis quebrantos, pero siempre alerta a la voz de mando que me ordene o me permita volver a mis bosques al lado de mis hijos de la selva, mis princesas y sarnositos; o aquí al lado de Santa Rosa en donde siempre he encontrado a manos llenas medios espirituales y materiales para seguir mis planes misionales mientras el Señor me dé vida.”

Viajero infatigable, sus numerosas expediciones, siempre a la búsqueda de nuevos indígenas, le convirtieron en un excepcional guía y en un experto conocedor de todos los rincones de la selva por donde anduvo.

Enseñó las rutas más favorables a los primeros pilotos de aviación que inauguraron los vuelos a Puerto Maldonado y fue el guía experto de la expedición científica Wenner-Gren al río Colorado en 1940.

En 1930 funda la misión multiétnica, fundamentalmente de población ese eja, en el Lago Valencia, cerca de la frontera con Bolivia.

A partir de los años 40 del pasado siglo es cuando inicia sus contactos y encuentros con distintos grupos del pueblo indígena Harakbut, quienes lo mantendrán siempre vivo en su memoria; en los momentos más críticos de la historia de este pueblo, cuando, prácticamente, pudieron haber sido exterminados, el encuentro con el Apaktone les supuso la posibilidad de reinventar su propia historia en el nuevo contexto regional que se impuso en la nueva era post-cauchera.

La actual misión de San Miguel de Shintuya, en el Alto Madre de Dios, fue su última gran contribución misionera.

Foto: causadebeatificacionapaktone.org

En 1995 se inauguró, en su honor, en Puerto Maldonado el Centro Pastoral Apaktone. Dicho centro nació como un espacio de encuentro y formación destinado a las comunidades nativas y a las numerosas comunidades campesinas de Madre de Dios. Desde su inauguración se han realizado en sus espacios multitud de convivencias, encuentros, cursos de formación, congresos, charlas y conferencias. Quiso y quiere ser un espacio de encuentro, comunión, reflexión y de acogida, en línea con las maneras y formas misericordiosas que caracterizaron al gran misionero APAKTONE, “Papá Sabio-Anciano”.

En 1963 el Perú reconoció su contribución patriótica: fue condecorado con la Gran Cruz al Mérito por Servicios Distinguidos en el grado de Comendador. Murió en Lima en 1970 cuando contaba 80 años de edad.



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