Río Ucayali se desborda todos los años, afecta a miles de personas y no hay medidas de prevención

Este año se volvió a desbordar el Ucayali y nadie lo vio venir.

Texto y fotos: Diego Pérez / Eltaller.pe

Si bien en medio de desastres naturales tan espectaculares como terremotos, erupciones volcánicas y huaycos que azotan nuestro planeta cada año, los desbordes del río Ucayali parecen un chancay de a veinte para la prensa nacional, el incremento en la frecuencia e intensidad de las inundaciones que ahora ocurren anualmente en esta zona del país es un problema de grandes proporciones del que tenemos que hablar.

En plena selva baja, en la provincia de Ucayali, región Loreto, se encuentra el distrito de Vargas Guerra, catalogado como en situación de extrema pobreza por el Estado Peruano. En este remoto rincón de nuestro territorio está pasando algo que nuca antes pasó, o mejor dicho, algo que pasaba cada 5 o 10 años y que ahora ocurre de forma anual. Se trata del lento y extendido desborde del río Ucayali que inunda las tierras, destruye los cultivos e infraestructura y deja secuelas y enfermedades que duran meses.

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La inundación afecta a comunidades nativas y ribereñas, así como a pueblos y pequeñas ciudades por igual. En esta zona del país el principal medio de subsistencia es la agricultura y la cría de animales en pequeña escala, por lo que una inundación anual es un problema grave, dado que plantas y animales solo pueden soportar una cierta cantidad de tiempo bajo el agua antes de morir.

En el campo la pérdida de cultivos, especialmente del plátano y la yuca es devastadora para la población, donde estos alimentos son muchas veces el único complemento del pescado y parte esencial en una dieta que ya es bastante austera, y cuya ausencia compromete a miles de personas que ya tienen muchos problemas para sostenerse debido al deterioro de los recursos en sus bosques y fuentes de agua producto de años de tala ilegal y caza descontrolada.

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A pesar de ocurrir en un territorio alejado y en apariencia poco poblado de nuestro país, el impacto de los desbordes alcanza las decenas de miles de personas (incluyendo otros distritos del medio Ucayali). Solo el 2010, año en el que ocurrió la inundación más devastadora de las últimas décadas y quizás siglos, el fenómeno dejó unas 58 mil personas  afectadas, luego que 43 571 hectáreas de cultivos fueron destrozadas y otras 50 mil quedaron gravemente dañadas.

Otro grave problema sobreviene al momento en que baja el agua y empiezan a subir los casos de diarrea en los más niños y en los ancianos, y poco después los cuerpos debilitados de buena parte de la población son presa fácil de enfermedades como la tuberculosis que se extienden como una plaga. Y como para rematar a quienes aún siguen en pie llega el dengue, que se reproduce sin control en los charcos de agua estancada que duran semanas, y hasta meses, reforzando el círculo vicioso.

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Sin duda, estamos ante una de las consecuencias más perversas del cambio climático sobre nuestra Amazonía y sus habitantes, y luego de 6 inundaciones consecutivas (2010, 2011, 2012, 2013, 2014 y 2015) la situación no parece cambiar, y no va a cambiar, especialmente si nadie lo dice fuerte y claro. Lamentablemente el tema parece poco atractivo a los principales medios de comunicación, que priorizan desastres naturales más espectaculares, más impactantes, algo que esta inundación lenta y predecible no produce.



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