Hablan los harakbut: Conoce a la mujer que emocionó al Papa Francisco

Escribe Wili Reaño

“Francisco: Los nativos de la Amazonía del Perú somos los supervivientes de muchas crueldades e injusticias. Nuestros hermanos indígenas de varias regiones de la Amazonía sufren por las explotaciones de nuestros recursos naturales”, así se inicia el discurso que Yesica Patiachi, harakbut de la comunidad nativa de Puerto Luz, en la provincia del Manu, Madre de Dios, preparó para saludar al Papa Francisco en nombre de los pueblos originarios representados por los tres mil indígenas que colmaron el Coliseo Madre de Dios durante la comentada visita del pontífice a Perú.

“En la actualidad muchos foráneos invaden nuestros territorios: los cortadores de árboles, los buscadores de oro, las compañías petroleras, los que abren trochas para abrir caminos de cemento”, prosiguió.

Su testimonio no solo conmovió al prelado argentino como se observa en las imágenes que dieron la vuelta al mundo, sino también sorprendió a los millones de feligreses que escucharon con atención su descarnado alegato en defensa de las 400 grupos étnicos que habitan la cuenca amazónica.

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El video que empezó a circular por internet, reproduciendo sus palabras, alcanzó en pocas horas el millón de reproducciones.
Allí se puede apreciar el tono con el que la nativa originaria del pueblo harakbut, uno de las nueve grupos étnicos que habitan el departamento de Madre de Dios, le pide al cardenal Bergoglio que los defienda de los foráneos que ingresan a sus territorios sin consultar a la población para perforar la tierra y convertir sus ríos “en aguas negras de la muerte”.

Pero, ¿quién es esta mujer de semblante dulce y voz tan potente?

La maestra bilingüe

Yesica Patiachi Tayori, maestra bilingüe de una comunidad nativa a cinco días en bote de la ciudad de Puerto Maldonado, la capital de Madre de Dios, es una pintora autodidacta, maestra bilingüe y autora del primer libro de literatura escrito en harakbut, que desde hace mucho tiempo está vinculada al movimiento indígena amazónico.

Los harakbut fueron uno de los primeros pueblos indígenas de Madre de Dios en organizarse para defender sus derechos ancestrales. En 1982 un grupo muy recordado de dirigentes del pueblo harakbut participó activamente en la creación de la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes (Fenamad), uno de las asociaciones indígenas más antiguas de la Amazonía peruana.

Un día después de su encuentro con Francisco, así lo llamó, a secas, abandona por un momento la reunión a la que asiste para atendernos.
“Soy una mujer indígena del pueblo harakbut que vive orgullosa de sus raíces y de su lengua”, empieza a contarnos. “Una mujer que tuvo una infancia feliz en medio del bosque, una mujer que creció bañándose en los ríos, respirando aire puro. Una mujer que tuvo de niña entre sus mascotas a una sachavaca”.

Foto: Andina

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Los harakbut, un pueblo cuya población en la actualidad apenas sobrepasa los cuatro mil habitantes, fueron contactados por los misioneros dominicos recién a principios del siglo pasado. Precisamente fray José Álvarez (1890-1970), llamado Apaktone (o apagntonë), papá bueno, anciano sabio, en la lengua de este pueblo, fue el encargado de llevar adelante un proceso de asimilación cultural no exento de dificultades.

Cuando llegó el padre Apakatone a la región, la población harakbut no hacía mucho que se había refugiado en las cabeceras de los ríos Madre de Dios o Colorado (Eori y Karene en la lengua vernácula) huyendo de la esclavitud a la que habían sido sometidos por los caucheros, entre otros invasores. Flecheros muy astutos, los historiadores que se han referido a la ocupación de la Amazonía han comentado que los guerreros harakbut pintados con los tintes obtenidos de un árbol llamado huito, vendieron cara su derrota cuando las tropas incaicas trataron de doblegarlos. El himno actual del departamento de Madre de Dios, en una de sus estrofas, hace alusión a su epopeya.

(Derecha) Fray José Álvarez (1890-1970), también llamado Apaktone (o apagntonë).

Conocidos hasta no hace mucho como mashcos, un nombre que ellos mismos han recusado por denigrante, los harakbut soportaron a pie firme los embates “extractivistas” del cauchero Carlos Fermín Fitzcarrald -“para nuestro pueblo un genocida que acabó con la vida en un solo día de tres mil harakbut”-, antes de internarse en la profundidad de la selva de Madre Dios y escapar así de la devastación.

Fue el padre Apaktone, el cura miope que sin saber nadar navegó todos los ríos de Madre de Dios y conoció como nadie los bosques de la región, quien los convenció de volver, de seguir insistiendo en vivir al lado de esos foráneos que tanto daño les habían hecho.

“Somos los sobrevivientes de un holocausto, acota la profesora de la especialidad de comunicación en un colegio público de Puerto Maldonado, si seguimos vivos solo es por la fuerza de nuestra cultura y la voz de nuestros ancianos. Los harakbut hemos aprendido a escuchar a los mayores, son ellos los que nos han contado la tragedia del pueblo harakbut”.

Mira la entrevista a Yesica Patiachi:

Anamei (A’nämëi)

Para los harakbut, la vida se inició después de un incendio que estuvo a punto de acabar con los bosques, cuando la humanidad entera se vio precisada a subirse a las ramas del árbol anamei -o wanamei-, una deidad vegetal, un árbol de la vida, que alojó a hombres y animales para comenzar todo de nuevo. “En pleno incendio, cuando todo estaba perdido y las aguas sabían amargo, apareció un loro queriendo depositar una semilla. El loro le pidió a los harakbut permitir que su fruto germinara en el vientre de una mujer virgen”, cuenta.

Una a una las muchachas harakbut fueron desfilando sin éxito ante el misterioso loro erikeyakeya (o papagayo, en algunas versiones del mismo mito) hasta que una jovencita que había sido llevada con discreción por una abuela sabia resultó fecundada por el ave sagrada brotando de su vientre un Anamei, el Árbol de la Vida. “El frondoso árbol de la salvación”, acota Yesica siguiendo al relato mítico que escuchó cuando era niña y pudo plasmar en el libro “Relatos orales Harakbut”.

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“Los harakbut hemos entendido, continua, que la Encíclica Laudato Si es un reclamo para salvar nuestro Anamei, nuestro Árbol de la Vida; en ese sentido, Francisco es un aliado. Todo aquel que quiera sanar la casa común es un aliado para los pueblos indígenas amazónicos”.
Por eso es que el discurso que dio al lado de Luis Tayori, otro joven harakbut, tuvo que ser consultado a los principales líderes de la nación harakbut: Antonio Iviche, Jaime Corisepa, Héctor Sueyo, Fermin Chimantano, entre otros.

El relato que Francisco escuchó el 19 de enero pasado es el relato del pueblo harakbut.

“¿Qué por qué fuimos al encuentro con Francisco vestidos a la usanza tradicional?”, nos interrumpe Yesica. “Muy sencillo, se trataba de una reunión formal: hemos querido presentarnos ante el mundo como somos”.

“Hay quienes siguen pensando que los indígenas solo podemos vivir en el bosque, agrega, quieren seguir viéndonos en una vitrina, les gustaría, seguro, seguir estudiándonos en los museos. Se equivocan, somos los guardianes de estos bosques, somos los únicos que sabemos cómo mantenerlos”.

De allí la importancia de la presencia simbólica durante el evento del anciano harakbut Antonio Sueyo, Sontone, contactado hace cincuenta años por los padres dominicos.

Sontone, que aparece en las imágenes que propaló la televisión con el ostro cubierto de plumas, la pudo estrecharle la mano al apaktone Francisco, el nombre con que los pueblos indígenas de Madre de Dios decidieron llamar al papa argentino.

Dice más la maestra bilingüe: “Nuestros mayores han interpretado que vivimos tiempos parecidos al que nos tocó vivir cuando fuimos contactados por el padre Apaktone, por eso es que nos han pedido que recibamos con los brazos abiertos a Francisco”.

La Reserva Comunal Amarakaeri

Los harakbut han venido recuperando parcialmente el control de su territorio a partir del reconocimiento y titulación de sus comunidades nativas donde intentan ejercer un adecuado control ecológico de los recursos naturales de acuerdo a las tradiciones culturales.

En el año 2002, tras dura lucha, el Estado peruano creó la Reserva Comunal Amarakaeri, un territorio de 402,335,62 hectáreas ubicado en los distritos de Fitzcarrald -vaya ironía-, Manu, Madre de Dios y Huepetuhe, cuya gestión es compartida por el Servicio Nacional de Áreas Protegidas por el Estado (Sernanp) y el pueblo harakbut a través de un contrato de administración celebrado entre ambas partes.

 

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