Entre algarrobos y huarangos: Conoce el proyecto para conservar los bosques secos del Perú

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  • En Talara, la organización A Rocha Perú y la empresa de energía eólica ContourGlobal se unieron para restaurar 12 héctareas de bosques secos de la mano con la comunidad.  En Ica, la Asociación Aves del Perú y el Jardín Botánico de Kew protegen ancestrales huarangos. Así las iniciativas se fortalecen para rescatar de la desaparición al algarrobo, el indiscutible rey del desierto que cada día va perdiendo terreno ante el desconocimiento y la necesidad.

 

Escribe: Walter Wust* / www.walterwust.com

“El huarango nos da frutos, nos da sombra, nos da suelo”, dice Consuelo Borda, mientras recoge, una a una y con delicadeza, las semillas que esperan convertir en bosques. “Con apenas cinco vainas de algarroba es posible obtener hasta 100 plantones y sembrar un nuevo bosque”. Su sueño es convertir esta parte de la costa peruana en un mar de árboles que le devuelvan la vida al desierto.

El algarrobo (Prosopis pallida) o huarango, como se le conoce en la costa sur, es el rey indiscutible del desierto. Su tenaz resistencia a la escasez de agua le permite prosperar donde muy pocas plantas sobreviven y cuando lo hace, crea un microclima que hace estallar la vida en sus alrededores: decenas de especies de plantas, aves, insectos, reptiles y mamíferos encuentran refugio y alimentación a la sombra de sus recias ramas. Dicen que se han encontrado raíces de huarango a más de 60 metros de profundidad, cualidad que le permite sobrellevar incluso los períodos de sequía más extremos. Son productores primarios y sirven de base para el flujo de energía y nutrientes. Sus hojas secas (llamadas puña) constituyen un importante alimento para el ganado y sus frutos tienen un alto valor proteico. Con ellos se obtiene harina y jarabe de huaranga, y sus flores son excelentes para la crianza de abejas y la producción de miel. Pero es su madera, extremadamente dura y de alto valor calórico, la cualidad más conocida de este viejo residente de los tablazos y arenales… y la razón de su destrucción.

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En los últimos 20 años casi la mitad de los bosques de huarango de Ica han desaparecido. A pesar de las leyes que prohíben su tala y comercialización, su madera, convertida en carbón, se emplea en ladrilleras, pollerías y panaderías. Incluso las bolsas de carbón para parrillas lo anuncian con descaro. Mientras tanto, el desierto avanza y la gente que lo habita se empobrece en lugar de vivir mejor.

Al mantener la vegetación asociada a estos bosques se ayuda a controlar las plagas que atacan al huarango, nos cuenta Evelyn Ruiz, quien junto al ecólogo Oliver Whaley, lleva una iniciativa en Ica, gracias a la Asociación Grupo de Aves del Perú y el Jardín Botánico de Kew. Whaley estima que si no hacemos algo ahora, en unos cuantos años nos quedaremos sin bosques. El desconocimiento y la necesidad son la combinación perfecta para este espiral de destrucción. Cada día, cientos de árboles son comprados vivos por menos de quinientos soles. Si se cosechara en lugar de talar, un árbol podría generar un promedio de mil soles al año, lo que resulta más rentable y sostenible.

[Leer además: ¿El pollo a la brasa está acabando con el algarrobo en el norte peruano?]

Comunidades del desierto, como Tambo de Perro, en Nasca, tienen como principal actividad económica la tala de huarango para subsistir. Como tradición, aprendieron de sus padres a hacer carbón. Nunca antes alguien les dijo sobre las distintas oportunidades que tienen con el mismo árbol, como hacer jarabe o harina. En esa labor se encuentran varios colectivos e instituciones la Asociación Grupo de Aves del Perú, el Jardín Botánico de Kew, Conservamos Ica, Contour Global Perú, la Asociación A Rocha y muchos más. Su labor es enseñar a las personas que se puede vivir del bosque sin destruirlo y que su supervivencia es vital para el futuro de sus familias. ¿Listos para regar esta semilla de esperanza?

La esperanza es verde

La Asociación Grupo de Aves del Perú y el Jardín Botánico de Kew están trabajando para educar a la población sobre la importancia del huarango. Para ello han solicitado la concesión de 333.58 hectáreas en el valle del río Poroma, a las afueras de Nasca. El bosque está volviendo y sus habitantes aprenden a vivir con los árboles en armonía y sostenibilidad.

Una luz al final del túnel

Se calcula que apenas sobrevive el 2% de los bosques secos que alguna vez poblaron la costa peruana. Sin ellos, las poblaciones locales se empobrecen y se tornan más vulnerables a los desastres naturales. El consorcio formado por la empresa de energía limpia Contour Global Perú y la Asociación A Rocha Perú ha decidido restaurar 12 hectáreas de bosque secos en Talara, involucrando a líderes locales y escuelas rurales en el proyecto. Los algarrobos crecen y con ellos llega la vida al desierto.

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*La nota original fue publicada en Conservamos por Naturaleza.

 



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