Aprovechamiento de taricayas en la Reserva Nacional Pacaya Samiria

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En la Reserva Nacional Pacaya Samiria la vida se renueva a cada instante. En sus ríos, cochas y bosques los ciclos de vida se respetan y la abundancia de sus recursos naturales se ha vuelto a poner a servicio del hombre. Taricayas, paiches, delfines, aves multicolores viviendo en absoluta armonía y generosidad.

Texto de Janeth Machuca y Claudia Ochoa / Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA)

En el Yanayacu Pucate, corazón de la Reserva Nacional Pacaya Samiria (RNPS), se observan grandes extensiones de bosques, atravesadas por sinuosos cursos de agua dulce, que en las épocas de vaciante crean playas de arena blanca donde las taricayas (Podocnemis unifilis), esas juguetonas tortugas que habitan los ríos de la Selva Baja, aprovechan para poner sus nidos.

Fue en esta reserva donde en la década de los años setenta, el investigador finlandés Pekka Soini diseñó un modelo de reanidación que permitiría recuperar las poblaciones de quelonios acuáticos (“taricaya” y “charapa”), en ese entonces diezmadas por infractores foráneos. Mucho se ha avanzado desde entonces y en la actualidad es gracias al esfuerzo de los propios pobladores que podemos ser testigos de una de las más exitosas experiencias de manejo de fauna silvestre en la región de Loreto.

Esta política participativa de inclusión de las comunidades en labores de conservación se basó en la conformación de grupos de manejo comunal, que con asistencia técnica y financiera de diversas entidades, fueron mejorando las técnicas de repoblamiento y liberación hasta conseguir estandarizarla y validarla. Producto de esta iniciativa, a mediados de la década del noventa se constituyen las primeras unidades de pesca comunitaria que además del manejo de especies como el paiche (Arapaima gigas), también comienzan a trabajar con quelonios acuáticos.

Grupos de manejo como ORMARENA–Yarina (Organización de Manejo de Recursos Naturales Yarina), de la cuenca Yanayacu Pucate en diversas ocasiones se han enfrentado a ilegales que intentaban saquear los nidos y otros recursos que se vienen protegiendo en esta área privilegiada. Con entusiasmo nos cuentan que “la especie se ha recuperado enormemente. Gracias al esfuerzo y al sacrificio, ahora estamos viendo los frutos. Tenemos un plan de manejo, un contrato de aprovechamiento y tenemos la autorización para hacer uso de este recurso; una cuota de repoblamiento a su hábitat natural y una cuota para la venta”. Estas palabras encierran un conjunto de acciones y elementos clave como la organización, la responsabilidad y el beneficio que trae consigo el manejo sostenible de los recursos naturales.

Para introducirnos aun más en el tema, nos mencionan que la campaña de quelonios dura aproximadamente 90 días. Se organizan a partir del mes de julio y ya en sus puestos de vigilancia se designan responsabilidades: un grupo se encarga de la limpieza de los “bancales” o playas naturales, para dar las condiciones adecuadas para el desove. Paralelo a ello, otro grupo acondiciona las playas artificiales, que albergarán las nidadas recolectadas. La recolección de huevos se realiza durante todo el mes de agosto, cuidando de hacer el menor ruido posible, para no alterar el proceso de desove de la especie. El tiempo promedio de incubación de los huevos es de poco más de setenta días. Durante este tiempo se debe brindar protección a estas playas artificiales, tanto de los depredadores naturales, como aves, insectos y reptiles, así como de los infractores que abundan en la zona. Una vez que los huevos de taricayas eclosionan, las tortugas son liberadas al medio natural, según la cuota establecida en su plan de manejo, en tanto otro porcentaje es destinado para su comercialización.

Desde el año 2005, cuando se implementó el primer plan de manejo de la especie “taricaya” en Pacaya Samiria, los resultados han seguido mejorando. En la actualidad tanto Yanayacu Pucate como otras cuencas del área natural protegida cuentan con planes de manejo, dando lugar a un incremento de las cuotas de aprovechamiento en beneficio de los grupos debido a la recuperación de la especie al interior de la reserva. Asimismo, estos grupos de manejo han suscrito con el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (SERNANP) un contrato de aprovechamiento, cancelando el monto de S/. 242.20 por derecho de inicio de trámite. En este contrato de aprovechamiento se determina el pago de S/.0.25 por espécimen que será comercializado. El porcentaje de las taricayas manejadas para comercialización, dependerá de lo establecido en los respectivos planes de manejo de la especie por cuenca dentro del área natural protegida.

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En la última campaña de manejo de la especie, correspondiente al 2013, se liberó al medio natural un total de 445,900 crías de taricaya, producto de trabajo de manejo de los grupos organizados que aplican sus planes de manejo en las cuencas Pacaya, Samiria, Yanayacu Pucate y Yanayacu Grande de la RNPS. A este importante número se suman 257,933 crías que serán comercializadas hacia el exterior ), especialmente a países asiáticos como Hong Kong, que es el principal destino de exportación de las taricayas junto con los peces ornamentales y que entre enero y diciembre del año 2012 ha representado un 4.1% del total de exportaciones en relación con los demás países (Síntesis económica de Loreto. BCRP. Iquitos, diciembre 2012).

Cabe mencionar que llegar hasta aquí no ha sido fácil. Los grupos han tenido que organizarse y asumir sus funciones con responsabilidad. Además, se ha tenido que lidiar con distintas leyes e instituciones que no estaban del todo preparadas para esta actividad. Para que los grupos organizados puedan aprovechar las crías de esta especie, estos deben cumplir una serie de requisitos establecidos dentro del plan de manejo, además de los procedimientos de la jefatura del área natural protegida, de convenciones internacionales como CITES (para su exportación) y, en general, aquellos dados por la autoridad competente en la región (Programa Regional de Manejo de Recursos Forestales y de Fauna Silvestre – PRMRFFS).

Pese a todos los obstáculos, la iniciativa sigue creciendo y avanzando. Recientemente se ha involucrado tanto a las comunidades como a las instituciones educativas en un programa de educación ambiental sui generis, consistente en replicar todas las experiencias realizadas por los grupos de manejo y personal del área protegida.

Ello se realiza en el ámbito de las comunidades rurales y urbanas de la región y fuera de ella, utilizando como núcleo ejecutor a las instituciones educativas del nivel inicial, primario, secundario y superior (en ciudades como Iquitos, San Lorenzo, Puerto Rubina, Yurimaguas, Tarapoto, Chazuta, Sauce y Pucallpa); universidades (Universidad Nacional de la Amazonía Peruana, UNAP); instituciones de investigación y de manejo (Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana, IIAP y Centro de Rescate Amazónico, CREA); empresas de hidrocarburos (Gran Tierra Energy Perú en Bretaña y Plus Petrol en el río Corrientes); comunidades nativas (Camaná y Timpía); y de otras áreas naturales protegidas como Sierra Divisor.

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Instituciones y organismos como la Jefatura de la RNPS, la ONG ProNaturaleza, la Dirección Regional de Educación (DREL), el IIAP, la UNAP, entre otras, han encabezado la organización y ejecución de estos programas, los cuales han incluido la capacitación in situ de los docentes y estudiantes, convirtiendo esta experiencia de conservación en una de las más fascinantes de Sudamérica. Pueden dar fe de ello, los miles de estudiantes que año a año participan activamente en las tareas de conservación de esta especie.

Historias como la del grupo de manejo ORMARENA Yarina, se repiten en toda la extensión del área natural protegida: pobladores que guardan en su mirada la satisfacción de estar contribuyendo a la recuperación de un refugio silvestre y que a través de su esfuerzo en pro de la conservación, vienen integrando a un mayor número de comunidades rurales y urbanas en toda la cuenca amazónica.
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Fotos: Thomas Müller / SPDA



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