K’erenda Zambrano: entre el activismo y el amanecer del bosque

  • Con la promoción de murales, cine al aire libre, talleres juveniles y recorridos por el bosque, la joven madrediosense se ha convertido en uno de los rostros de una nueva generación de activistas amazónicos que busca defender el territorio desde la cultura, la educación y la conservación.

viernes

25 de septiembre, 2026

Foto: K’erenda Homet

Escribe: Wuilmar Briceño*

 

Bien temprano, en la tranquilidad del amanecer, K’erenda Zambrano Herrera aprecia cómo la luz del sol pinta de naranja el río Tambopata y a, contraluz, la silueta de grandes árboles se dibuja en el horizonte. Esta es una rutina que repite cada vez que puede.

Contemplar ese paisaje es la conexión que la acompaña en los días trajinados de los últimos meses, marcados por sus diferentes roles: coordinadora general del colectivo juvenil Generación Verde Madre de Dios, responsable del área de conservación privada (ACP) K’erenda Homet, miembro del Comité de Gestión de la Reserva Nacional Tambopata, y Champion de Escazú de la segunda generación.

“Creo que todo el conjunto de cosas que hago va a un solo camino: cuidar el territorio, motivar nuevos pensamientos y reconciliar a las personas con la naturaleza”, explica la joven activista, mientras repasa las actividades que marcarán su agenda en las próximas semanas.

En poco tiempo, K’erenda puede pasar de inaugurar el nuevo centro de interpretación del ACP de su familia a viajar a Iquitos para participar en un taller del Muyuna Fest con el fin de crear una campaña colectiva por la defensa de la vida y el territorio, y luego regresar a Puerto Maldonado para dictar clases de inglés con alumnos de un colegio rural o continuar las clases de maestría en Política Social que cursa actualmente. “La conservación necesita pasión, pero también disciplina, paciencia y estudio”, señala.

Aunque buena parte de su tiempo transcurre entre reuniones, actividades culturales y proyectos ambientales, hay algo que se repite constantemente en su discurso: la necesidad de reconciliar a las personas con la naturaleza. “Hay demasiada desconexión”, afirma.

Parte de esa reflexión sobre la “desconexión” nace de la experiencia de haber crecido dentro de un territorio que su familia ayudó a recuperar. Mucho antes de que el refugio se convirtiera en un ACP, K’erenda creció viendo cómo un espacio degradado por la ganadería volvía a llenarse de árboles, animales y cuerpos de agua. Hace más de cuarenta años, su padre, el reconocido conservacionista Víctor Zambrano empezó a recuperar tierras degradadas en el corredor turístico Tambopata.

Lo que hoy es un refugio de conservación y turismo sostenible alguna vez fue un potrero. Junto a Rosa Herrera, madre de K’erenda y soporte permanente en la administración del espacio, y el apoyo de aliados como la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA), en 2010 lograron el reconocimiento oficial como ACP ante el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp).

Actualmente, esta área cuenta con 35.40 hectáreas y conserva bosques tropicales húmedos, cuerpos de agua, purmas, zonas de bajío y sistemas agroforestales. En el área se han registrado especies de fauna como otorongos, lobos de río, taricayas, monos tocones y venados colorados.

Haber crecido observando ese proceso de recuperación marcó profundamente la manera en que K’erenda entiende la conservación. Mientras gran parte de Madre de Dios veía cómo los bosques eran reemplazados por minería o actividades extractivas, ella creció viendo cómo un territorio también podía regenerarse. Por eso, cuando habla de la “desconexión” entre las personas y la naturaleza, lo hace desde una experiencia cercana. “El bosque no es solo un lugar de donde sacar cosas. Es un territorio que tiene límites y que debemos aprender a cuidar”, sostiene.

El ACP K’erenda Homet conserva la zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional Tambopata y fomenta la investigación. Foto: K’erenda Homet

La generación que defiende el territorio

El colectivo Generación Verde Madre de Dios nació en 2011, impulsado principalmente por estudiantes universitarios de Madre de Dios que entonces vivían en Lima y observaban con preocupación el impacto ambiental y social que dejaba la minería ilegal en la región. Durante sus primeros años, realizaron intervenciones y actividades de sensibilización en espacios públicos como la plaza San Martín. Uno de los rostros más visibles de esa etapa fue el fotógrafo ambientalista Pavel Martiarena, quien hasta hoy continúa acompañando varios de los procesos que impulsa el colectivo.

Tras algunos años de menor actividad, Generación Verde volvió a reunir a jóvenes amazónicos en 2019, con la proyección pública del documental Candamo en Puerto Maldonado, realizada para conmemorar los 20 años de la película y acercar a nuevas generaciones la historia de los indígenas ese eja conocidos como Melo, Mañuco y Mishaja.

En ese momento, K’erenda todavía no formaba parte de la organización, pero colaboraba con ellos. La reactivación formal del colectivo llegó en 2021, a través de la iniciativa Alza la Voz de Oxfam en Perú. Desde entonces, asumió la coordinación general y Generación Verde Madre de Dios empezó a consolidar una nueva etapa enfocada en aspectos como liderazgo juvenil, educación ambiental, arte, cine al aire libre y participación ciudadana.

Actualmente es una de las caras más visibles del colectivo; K’erenda insiste, sin embargo, en que el trabajo no depende únicamente de una persona. “Pavel Martiarena y Marta Usca son personas que sostienen muchísimo lo que hacemos”, señala.

“A veces la gente solo ve a quien habla o aparece en las actividades, pero detrás hay un equipo que piensa, organiza y hace posible todo”. Todos los años, el colectivo realiza convocatorias para incorporar nuevos integrantes. No buscan únicamente voluntarios, sino también jóvenes capaces de liderar procesos. “No todos tienen este corazón de querer cambiar cosas”, admite K’erenda. “Algunos quieren ayudar, pero no liderar. Y es distinto”.

“Creo que todo el conjunto de cosas que hago va a un solo camino: cuidar el territorio, motivar nuevos pensamientos y reconciliar a las personas con la naturaleza”.

K’erenda Zambrano

 

Por ello, dentro del colectivo, enseñar a gestionar actividades se volvió casi una escuela. Aprender a escribir correos, presentar proyectos, hablar con organizaciones o coordinar actividades culturales forma parte del proceso cotidiano. “Generación Verde se ha vuelto un espacio donde los chicos que quieren hacer cosas pueden aprender a hacerlo”, explica K’erenda.

Fiorella Tayori, comunicadora indígena harakbut e integrante del colectivo, conoció primero a K’erenda por redes sociales. Antes de ingresar a Generación Verde, observaba desde lejos el trabajo que realizaba y se preguntaba cómo era formar parte de ese mundo. “Ella tiene ese poder de conectar con las personas y transmitir el mensaje de conservación desde el ejemplo”, cuenta Fiorella.

“No es alguien que solo habla. Vive lo que defiende”. Para Tayori, el liderazgo de K’erenda también abrió oportunidades para otros jóvenes amazónicos, especialmente indígenas, que muchas veces no encuentran espacios para visibilizar sus voces dentro de la región. “Dentro de Madre de Dios existen pueblos originarios que defienden el territorio y también sufren amenazas. El cine y el arte ayudan a que las personas entiendan eso”.

Ese interés por integrar nuevas voces también aparece en la manera como Generación Verde desarrolla sus actividades. Los biomurales, por ejemplo, no son solamente intervenciones artísticas en espacios públicos que combinan pintura con mensajes ambientales y sociales: K’erenda insiste en involucrar a estudiantes, docentes y padres de familia en todo el proceso de los biomurales.

“Nosotros podríamos contratar a un artista y pintar rápido. Pero nuestra metodología es que los estudiantes entiendan por qué se está haciendo eso”. En una región donde los espacios culturales siguen siendo limitados, actividades como cines al aire libre, como el Kuyapanakuy —formato creado por Conservamos por Naturaleza de la SPDA, que promueve el cine ambiental al aire libre y el encuentro comunitario—, murales o festivales terminan convirtiéndose también en espacios de encuentro y conversación sobre el territorio.

Pintar, filmar y resistir

En Madre de Dios, el activismo ambiental suele convivir con amenazas, desgaste y frustración. En ese sentido, Generación Verde decidió utilizar un lenguaje distinto para hablar de conservación: el arte. “El colectivo se mueve para hacer activismo”, narra K’erenda. “Usamos el arte como un modo de protesta y la educación para motivar”.

Uno de los momentos que mejor resume esa idea ocurrió durante la proyección pública del documental Candamo en Puerto Maldonado. La pantalla fue prestada, distintas organizaciones ayudaron con el sonido y varios aliados colaboraron con sillas, hospedaje y alimentación. “No teníamos ni un sol”, recuerda entre risas.

La actividad terminó reuniendo a cientos de personas en la plaza Grau de la ciudad. “La gente se subía a los muros para ver el documental. Llevaban incluso a sus papás en silla de ruedas”, menciona.

La experiencia terminó confirmando algo que dentro de Generación Verde ya intuían desde hacía tiempo: en Madre de Dios existe una necesidad enorme de construir espacios culturales vinculados con el territorio y la memoria ambiental.

De acuerdo con Marta Usca, comunicadora e integrante del equipo de Generación Verde Madre de Dios, parte del éxito de las actividades impulsadas por el colectivo radica justamente en esa conexión genuina con la realidad amazónica. “Generación Verde busca generar un cambio real desde una mirada juvenil y local. No pretendemos tener una fórmula perfecta, pero sí construir espacios donde las personas quieran aprender sobre la Amazonía, sus pueblos y las amenazas que enfrentan”.

Usca considera que esos espacios también permiten acercar la conservación a públicos que normalmente no participan en actividades ambientales. “En nuestras actividades participan jóvenes, niños, familias enteras. Eso hace que las ganas de seguir intentando y de innovar continúen”, señala.

K’erenda sostiene en que el arte puede convertirse en una herramienta de transformación social y política, especialmente en una región donde, muchas veces, el debate ambiental aparece reducido únicamente a cifras. Por eso, Generación Verde continúa organizando biomurales, festivales, talleres y actividades culturales que permitan acercar la conservación desde otros lenguajes.

“El arte puede hacer que las personas se conecten emocionalmente con el territorio”, sostiene K’erenda. “Y cuando alguien logra conectarse, también empieza a preocuparse por cuidarlo”.

K’erenda continúa con el legado de su padre, Víctor Zambrano, defensor de la Reserva Nacional Tambopata. Foto: K’erenda Homet

Una mirada más amplia

En 2023, K’erenda Zambrano fue reconocida como parte de la segunda generación de Champions de Escazú, junto a otros seis jóvenes líderes de América Latina y el Caribe. Esta iniciativa -impulsada por la SPDA y la organización Ambiente y Sociedad de Colombia- busca visibilizar el trabajo de quienes defienden el ambiente y los derechos humanos desde sus territorios, y situar sus voces en espacios regionales e internacionales.

El reconocimiento permitió que el trabajo que ya realiza con Generación Verde, llegara a espacios internacionales, entre ellos la COP del Acuerdo de Escazú que realizó ese mismo año en Chile. Para K’erenda, sin embargo, Escazú es mucho más que un tratado ambiental.

Lo entiende como una herramienta para fortalecer la participación ciudadana y garantizar que las personas puedan acceder a información y justicia frente a conflictos ambientales. “El Acuerdo de Escazú y el trabajo de Generación Verde están profundamente conectados. Ambos buscan fortalecer la participación ciudadana en la protección del ambiente y los derechos de las comunidades”, refiere.

Impulsar ese mensaje en un país que todavía no ha ratificado el acuerdo tampoco ha sido sencillo. Muchas veces, dice, las decisiones sobre la Amazonía se toman desde espacios alejados del territorio y sin escuchar a quienes viven en él.

K’erenda reitera que es necesario formar nuevos liderazgos y fortalecer la conciencia social desde edades tempranas: está convencida de que el verdadero cambio debe surgir desde las propias comunidades. Esa convicción se refuerza cuando observa la manera en que las autoridades regionales entienden el desarrollo, marcado por el extractivismo y la falta de planificación.

“El bosque lo ven como un lugar para extraer y extraer”, afirma. “No lo reconocen como un territorio con límites”. Su crítica no se reduce a la explotación de recursos. También señala las carencias en educación, salud, identidad cultural y la ausencia del Estado.

“Hay colegios donde los niños ni siquiera tienen cómo llegar o qué comer. Y después nos preguntamos por qué no hay cambios”, remarca.

Brillante amanecer

Días después de la inauguración del nuevo centro de interpretación del ACP, K’erenda continúa recorriendo el espacio, revisando los últimos detalles. Cruza la carretera Chapajal-Botafogo, conversa con visitantes y observa cómo las personas empiezan a familiarizarse con un lugar pensado para fortalecer la educación ambiental y acercar a más personas a la experiencia de convivir con el bosque amazónico.

Ese vínculo aparece incluso en su nombre. K’erenda Homet significa “brillante amanecer”, una combinación inspirada en las lenguas harakbut y ese eja. Así se llaman ella y el territorio que, hace cuarenta años, Víctor Zambrano encontró devastado, y a cuya recuperación ha dedicado tantos años de su vida. Ahora, ese nombre que Víctor Zambrano eligió para su hija, en agradecimiento a los pueblos indígenas, identifica a uno de los espacios de conservación familiar más reconocidos de Madre de Dios.

Actualmente, con la inauguración de nuevos ambientes, se abre una nueva posibilidad de conectar a grandes y chicos con la perspectiva que la joven activista y su familia proponen para ver el mundo y relacionarse con él. “Mi principal motivo es que este lugar pueda sostenerse en el tiempo, para que más personas puedan venir aquí y sentir esta tranquilidad bonita que te da el bosque”.

Esa conexión con el territorio es algo que también perciben quienes trabajan cerca de ella. Fiorella Tayori entiende que buena parte de la sensibilidad que K’erenda transmite en las actividades del colectivo nace justamente de haber crecido rodeada de bosque y conservación, incluso en los momentos complicados. “Y siempre tiene esa sensibilidad ante las problemáticas que hay”, comenta la comunicadora harakbut.

La sensibilidad de K’erenda también le ha llevado a buscar otras formas de expresión. Escribió y publicó el cuento Nümberi y el guardián del bosque, una historia que acerca al público infantil a la biodiversidad amazónica, y transmite el mensaje de que el cuidado del territorio puede empezar desde la imaginación y la educación.

Mientras camina por el refugio, K’erenda habla de conservación con naturalidad y asegura que quiere seguir trabajando desde el espacio que conoce. “Yo quiero mover conciencia desde este lugar. Este es mi territorio”, dice mientras se sienta en una de las bancas recién instaladas y contempla un árbol de lupuna de más de 50 metros.

Esta es también una de las formas que encuentra para recargar energías antes de continuar con sus actividades. El brillante amanecer que lleva en el nombre vuelve a aparecer sobre el mismo bosque que su familia empezó a recuperar décadas atrás, mucho antes de que ella entendiera que algún día también tendría que defenderlo junto a una nueva generación de jóvenes amazónicos.

 

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*Este artículo fue publicado originalmente en la segunda edición de la revista Actualidad Ambiental, página 80. Lee, descarga y comparte la publicación aquí.  

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