10 lecciones que deja el conflicto relacionado al proyecto minero Conga

En entrevista con Correo Semanal, el presidente de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA), Jorge Caillaux, expresó diez ideas sobre las lecciones que ha dejado (hasta el momento) el conflicto social relacionado al proyecto minero Conga de Yanacocha, en Cajamarca.

Para Caillaux, las enseñanzas que deja Conga están relacionadas con el respeto a los pobladores que viven alrededor de los proyectos extractivos, en este caso, los que habitan cerca de las lagunas afectadas; con el fortalecimiento de los organismos del sector ambiental, como el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental.

 

Diez lecciones que deja Conga, según Jorge Caillaux:

1. El presidente Ollanta Humala ha aprendido una importante lección: Conga demostró que el tema ambiental y social resulta clave en un proceso de desarrollo económico inclusivo y sostenible. Estos conceptos formaron parte de su declaración en Río+20, el discurso más ‘verde’ que ha presentado el Perú en un foro de este tipo. Conga demostró que no existe institucionalidad. Si el presidente busca pasar de la palabra a la acción, debe fortalecer al Ministerio del Ambiente pues, en la actualidad, no posee los recursos económicos ni humanos para evitar nuevos conflictos.

2. La protesta es inevitable, necesaria y vital, sobre todo en un país con tanta exclusión, pero los reclamos deben ser inteligentes e informados. No suicidas, como los que se desprenden de la falta de vínculos culturales entre lo andino y lo que consideramos como occidental. La falta de comunicación no es un problema de forma, es una traba estructural que permite que el extremismo se explique a través del radicalismo, así como las pugnas políticas por alcanzar un mayor protagonismo. Faltan líderes que no confundan la autoridad con el autoritarismo.

3. Conga pasó por todas las normas legales, pero no se hizo un análisis de fondo, como lo demostró el peritaje, ni se consideró el aspecto cultural, revelado en la protesta. En Cajamarca, al igual que en otras partes del Perú, existen lagunas que no sirven para la ganadería, la agricultura o el consumo humano, pero el Gobierno debe saber comunicarlo para no dejar que otros desinformen a la opinión pública. El Estado nunca explicó cómo pasó del ‘perro del hortelano’ (de Alan García) a ‘primero el agua y después del oro’ (del Humala candidato) y luego al ‘Conga va’ (de Humala presidente).

4. Los Estudios de Impacto Ambiental (EIA) deben revisarse. La cartera del Ambiente debe contar con mayor poder sobre las inversiones más significativas. Sus órganos de línea, como el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA), deben tener el nivel técnico de las entidades que desarrollan los EIA por encargo de las mineras para así fiscalizar el proceso. Estos estudios no deben ser más un trámite burocrático, sino el lugar donde se sembrarán las semillas del entendimiento.

5. Sin ordenamiento territorial no llegamos a ningún lado. Se debe definir un sistema único de concesiones, que debe aplicarse en un mismo mapa para todos los sectores y ser público, para tranquilidad de la población. No debe haber más superposiciones entre las concesiones mineras, forestales o los parques y bosques protegidos. Este mecanismo será clave para que el Estado se transforme en un árbitro salomónico entre las empresas y las comunidades, donde todos conozcan las reglas del juego.

6. No podrán haber más concesiones mineras sin una correcta compensación ecológica o social, que corresponda con la magnitud de la inversión. Los próximos proyectos deberán pensar antes que en la construcción de la mina, en cómo desarrollar proyectos que sirvan al futuro de la comunidad: agua para la agricultura o infraestructura para el comercio. Esto podría afectar la competitividad del sector, pero es la única forma de darle credibilidad al sistema.

7. El sector privado ha aprendido mucho. Las exigencias a Newmont marcan el inicio de una nueva forma de operar en el país. Para las empresas, estos requerimientos no son poca cosa desde el punto de vista económico. El Perú es un país minero y otros Estados estarán atentos a este esquema o a la aplicación de la Ley de Consulta Previa –que es toda una novedad en el mundo- para ver si les sirve o no. Si nos va bien, el caso peruano podría ser motivo de estudio en otras partes del mundo.

8. No se podrá seguir invirtiendo en el interior del país sin un respeto a las lenguas aborígenes como el quechua, el aimara o los dialectos de la Amazonía. Este desprecio nos ha pasado la factura. El empresario que sale a invertir a una región no puede mandar a un emisario que no domine las lenguas locales para establecer relaciones de confianza a partir de la comunicación. Así como para hacer negocios se exige el inglés o el chino, es clave saber los idiomas nativos.

9. No se deben volver a paralizar los conflictos con pronunciamientos a favor o en contra, blanco o negro, Conga va o Conga no va. En este caso, Conga no podía ir porque no existían las condiciones para hacerla sostenible los próximos 20 años. Decidir si va o no va le corresponderá primero a la comunidad y a la empresa. No se pueden mezclar conceptos de naturaleza distintas como el sí o el no, que son deterministas, sin posibilidad de corregirse o mejorarse, como pasó más tarde con el peritaje o con este nuevo esquema de inversión.

10. Conga será viable solo si se establece una autoridad competente para fiscalizar y monitorear el impacto ambiental en las 32 comunidades y si se desarrollan correctamente las compensaciones ecológicas, como el incremento de las reservas de agua. En la SPDA creemos que existe voluntad pero faltan recursos económicos para alcanzar las capacidades técnicas. Conga nos puso a prueba. Ahora debemos seguir adelante, velando porque las promesas se transformen en hechos.

 

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Foto: EFE



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