Pilpintuwasi y Chavita: centros loretanos donde se recuperan especies del tráfico ilegal de fauna
- Más de 20 especies que fueron rescatados del tráfico ilegal y la caza furtiva encuentran protección, rehabilitación y una segunda oportunidad de vida.
miércoles
18 de febrero, 2026

Foto: Osinfor
El tráfico de animales es uno de los negocios más rentables y dañinos del mundo. Amenaza no solo la existencia de las especies, sino también la salud de las personas, porque puede generar zoonosis, enfermedades que se transmiten del animal a los humanos.
En el Perú, esta actividad está tipificada como delito que puede ser castigado hasta con cinco años de prisión; sin embargo, de acuerdo a los constantes operativos y evidencias, aún está presente, poniendo en riesgo a diversas especies, especialmente en la Amazonía.
Ante esta realidad, los centros de rescate se han convertido en aliados estratégicos para hacerle frente a este delito. Este es el caso del Centro de Conservación Pilpintuwasi y el Centro de Rescate Chavita, ubicados a orillas del río Nanay, en el centro poblado de Padre Cocha (Loreto).
En ambos lugares, que se han convertido en símbolo de resistencia frente al tráfico ilegal de fauna silvestre, veinte especies víctimas de la caza furtiva o del comercio ilegal reciben atención especializada y un entorno seguro para su recuperación.
La historia de estos refugios está estrechamente vinculada a la de Gudrun Sperrer Huber, una ciudadana austriaca que llegó como turista hace 42 años y quedó marcada por la fuerza de la Amazonía peruana. Ese encuentro la impulsó a regresar en 2002 y dedicar su vida al cuidado de la fauna.
Lo que comenzó como un zoocriadero de mariposas se transformó, con el tiempo, en un centro de conservación reconocido que atiende especies de fauna silvestre como tortugas motelo de patas amarillas, otorongos, primates y osos hormigueros en estado de vulnerabilidad.
“Muchos de ellos llegan en condiciones críticas y aquí reciben atención veterinaria, protección y el cariño necesario para volver a vivir en libertad”, explica Gudrun.

Iniciativas de Gudrun Sperrer Huber están ayudando a diversas especies rescatadas. Foto: Osinfor
Dos historias que revelan la magnitud del problema
En Chavita, un otorongo (Panthera onca) rescatado en 2021 de una granja en la carretera Iquitos–Nauta, había sido criado como mascota dentro de una jaula de apenas dos metros de alto. El felino llegó con infección ocular, cortes en orejas y garras, y una anatomía deteriorada por años de encierro. Hoy vive bajo cuidados permanentes en el centro, donde puede moverse, alimentarse adecuadamente y recibir atención veterinaria.
Otra historia es la de un oso hormiguero (Myrmecophaga tridactyla) encontrado durante un operativo contra el comercio ilegal de fauna en Lima durante el 2024. Estaba desnutrido y confinado en un espacio reducido. Tras meses de tratamiento y vigilancia en el centro de rescate Chavita, hoy se encuentra recuperado y próximo a ser liberado en su hábitat natural. “Está fuerte y sano. Su proceso de recuperación ha sido largo, pero ha respondido muy bien”, agrega Gudrun.
Pilpintuwasi y Chavita cumplen un papel importante en la protección de la fauna silvestre. Gracias a su labor, animales como el otorongo y el oso hormiguero tienen una segunda oportunidad de vivir en condiciones adecuadas y, en algunos casos, regresar a su hábitat natural. Estos centros no solo brindan atención veterinaria y rehabilitación a especies víctimas del tráfico ilegal, sino que también promueven la educación ambiental y la sensibilización de la población sobre la importancia de conservar la biodiversidad.

Foto: Osinfor
Un modelo de manejo que funciona
Debido a la labor que realiza, Pilpintuwasi y Chavita recibieron una calificación de diez estrellas en el Zoobservatorio del Organismo de Supervisión de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre (Osinfor), tras la supervisión realizada en julio de 2025. Este puntaje se otorga solo a centros que cumplen estándares estrictos de alimentación, salud, seguridad de recintos, bienestar animal, y que mantienen al día todas sus obligaciones administrativas.
El resultado refleja un trabajo técnico sostenido que incluye protocolos de rehabilitación, enriquecimiento ambiental y una gestión transparente de sus operaciones. Por ello, Pilpintuwasi y Chavita, también recibieron el reconocimiento de fauna silvestre del Osinfor.




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