Entre el facilismo y el trabajo constante… retos para el futuro de nuestra agricultura


Escribe Gastón Acurio / Chef y empresario

Cacaos y cafés peruanos especiales que, en pocos años, se han convertido en la vedette mundial mientras traen progreso a miles de peruanos, desde Jaén a Tocache. Mangos y bananos orgánicos que, tras un arduo trabajo, hoy conquistan y conquistan nuevos mercados. Espárragos, alcachofas, frijoles Castilla, paltas y cítricos que convirtieron desiertos en fértiles valles generando trabajo y riqueza allí donde no había. Pimientos y ajíes que a través de pro-peppers se preparan para peruanizar Norteamérica.

Todos ellos representan los 4 mil millones de dólares de productos agrícolas peruanos exportados con visión, valentía y honor. Productores peruanos que optaron por el camino difícil. Porque sabían que el camino fácil los condenaría a más de lo mismo. Porque sabían que al final del camino difícil los esperaba la gloria.

Pero no son los únicos. Aún quedan muchos y apasionantes caminos difíciles por enfrentar: productores de maíz morado imaginando que el mundo un día hará suyo la chicha morada; productores de chirimoyas de Huarochirí, camu camu amazónico o frutos tropicales con todo lo necesario para hacerse globales, o productores de quinuas de colores en Puno, papas nativas andinas, ajíes tacneños, tubérculos inéditos, choclitos de granos gigantes y cientos de productos exclusivos de nuestra biodiversidad. Detrás de todos ellos hay cientos de miles de agricultores que siguen esperando con paciencia infinita el apoyo decidido -a través de políticas de Estado- que los ayuden a sumarse con éxito a esta agricultura peruana ultra competitiva y prestigiosa que no ha hecho más que empezar un camino que fue difícil y que hoy es luminoso e irreversible.

Hace 500 años el Perú hizo una primera entrega de lo nuestro al mundo. Y vaya que lo peruanizó: papas, frijoles, tomates, pimientos, calabazas, granos, productos que hoy representan más de la mitad de la alimentación mundial.

Hoy, en este mundo global, los consumidores, llenos de mente y espíritu amplio, están listos para recibir una segunda entrega a la peruana de productos que incorporen a su vida cotidiana. Hoy, nuestros agricultores pequeños, medianos y grandes (pero sobre todo los pequeños) tienen la gran oportunidad de seducir con toda una nueva canasta de productos exclusivos del Perú a un consumidor mundial que está dispuesto a valorarlo y hacerlo suyo en la medida que responda a estándares gustativos, estéticos y sobre todo éticos acordes con sus exigencias.

Y claro. Claro que ese es el camino difícil. Claro que para lograrlo hay que fortalecer con capacidad de gestión a comunidades históricamente relegadas, hay que dotarlas de infraestructura, de apertura de mercados, de apoyo técnico en branding, marketing, comercialización, estandarización. Pero, más que nada, es el Estado el que debe enviar el mensaje de que estamos a su lado, obsesionados a tiempo completo en acompañarlos en esta batalla en pos de hacer más grande y competitiva a nuestra moderna agricultura peruana basada en productos peruanos para el mundo, que ha demostrado hoy, sin lobbys ni caminos fáciles, ser capaz de generar riqueza, valor y oportunidades inclusivas entre los peruanos; y que nos da una lección diaria que siempre –siempre- hay que tomar. Ese es el camino difícil cuyo destino, reitero, no es otro que la gloria.

En los próximos cinco años, empresarios, trabajadores, consumidores y autoridades tendremos frente a nosotros una vez más la disyuntiva de elegir. Elegir entre ese camino fácil que hasta hoy ha condenado a este Perú inmensamente rico, a ser un país del tercer mundo. O de elegir ese camino difícil que puede conducirlo a su libertad económica y protagonismo mundial.

Con valentía, visión, humildad y honor estoy convencido de que como estos agricultores que hoy conquistan el mundo, los peruanos sabremos elegir.

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Foto: Thomas Müller / SPDA



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