Testimonios

“Nos sentimos con mucho estrés”:
4 testimonios sobre la contaminación lumínica

La Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA) entrevistó a cuatro ciudadanas de los distritos de La Molina, Callao, Lince y Cieneguilla que se han visto afectadas por la iluminación mal regulada.

Cuatro distritos, cuatro vecinas y un mismo problema: la contaminación lumínica. Marleni Aguirre, Karin Ledesma, Flor Tadeo y Laura* no se conocen pero si lo hicieran podrían empatizar rápidamente con los sentimientos de impotencia, indignación y, sobre todo, de resignación debido a que se han visto obligadas a convivir con un problema que viene generando un serio impacto en sus vidas.

El impacto es a nivel físico y mental. Esta contaminación lumínica es capaz de alterar los ciclos del sueño, lo que conduce a altos niveles de estrés y ansiedad de las personas que viven cerca a estas fuentes de luz. Sin embargo, según investigaciones, vivir expuesta o expuesto a este tipo de iluminación excesiva por largos períodos también puede aumentar el riesgo de sufrir cáncer de mama y de próstata, al generarse la inhibición de la producción de melatonina en el organismo.

Las cuatro entrevistadas por la SPDA en abril del 2021 señalaron que esta iluminación excesiva les genera la sensación de que su espacio personal está siendo invadido y vulnerado, sobre todo por las noches.

Flor Tadeo, una vecina abrumada por los paneles LED

Flor Tadeo señala los paneles LED ubicados en Centro Financiero de La Molina. Foto: Jorge Pezantes.

Flor Tadeo llegó a vivir en La Molina hace más de 30 años y ha sido testigo del crecimiento y modernización de su distrito. Lo que a inicios de los noventa eran lomas silenciosas rodeadas de un cielo oscuro que permitía ver las estrellas, hoy en día lucen transformadas en zonas comerciales con alta densidad publicitaria.

Según palabras de Tadeo, como vecina, ha visto a La Molina transformarse en “un entorno desagradable”. “(Antes) era más natural, más armonioso y el entorno era agradable. Podías salir a caminar y te sentías despejada, pero con todos estos (paneles), sientes como una afectación a la naturaleza y en lo psíquico”, confiesa Tadeo.

Además, comenta que a partir del 2010 los paneles publicitarios han tenido una fuerte presencia en las principales vías del distrito, como las avenidas Raúl Ferrero, La Molina y Javier Prado.

En 2019, la Municipalidad de Lima hizo un estudio de los elementos de publicidad exterior instalados a lo largo de las principales avenidas de la ciudad y registra que, en tan solo diez cuadras de la avenida Javier Prado Este, entre el óvalo Monitor y el cruce con la avenida La Molina, fueron instalados 13 paneles iluminados, poco más de uno por cada cuadra.

Adicionalmente a la cantidad de paneles, Tadeo reveló que el periodo de funcionamiento es un factor que la incomoda como vecina ya que muchos de los paneles del Centro Financiero de La Molina, y a lo largo de las avenidas mencionadas anteriormente, permanecen encendidos durante toda la noche.

“Estos paneles habitualmente están encendidos a partir de las 5 p.m. (…) y se mantienen así hasta las 6 a.m.”, cuenta. “Para mí no tiene sentido que estén encendidos toda la noche. Debería regularse su horario”, agrega Tadeo.

La también integrante de una comunidad de vecinos organizados de La Molina cuenta que incluso han intentado interponer sus denuncias y requerimientos a la Municipalidad Metropolitana de Lima para el desmontaje de estos elementos de publicidad, sin embargo, los trámites los han terminado por agotar debido a que es un proceso “muy engorroso y tedioso”. Cabe mencionar que en aquella época aún no existía la Ley de prevención y control de la contaminación lumínica, aprobada en junio del 2021.

Foto tomada por la SPDA frente al CC.CC. Jockey Plaza a las 4:37 a.m. donde se observa al menos dos paneles LED encendidos.

 

Foto tomada por la SPDA en abril, previo a las Elecciones Generales del 2021, en la avenida Javier Prado Este donde se observa la existencia de contaminación lumínica y visual.

Marleni Aguirre y la resignación de vivir frente a un panel que no descansa

Marleni Aguirre, vecina de Lince, muestra el panel luminoso ubicado frente a su departamento. Foto: Jorge Pezantes.

Desde el distrito de Lince, Marleni Aguirre, cuenta que en 2018 tomó la decisión de mudarse a un edificio nuevo con la ilusión de querer vivir en un mejor lugar para ella y sus hijos. Se refiere al edificio Lux, ubicado cerca del cruce de la Vía expresa con Javier Prado.

Con sus ahorros compró un departamento en el primer piso, que goza, entre otras cosas, con una interesante vista a la Vía Expresa. Sin embargo, bastó pasar la primera noche para darse con una ingrata sorpresa, frente a su casa la empresa Deltron tiene instalado un panel LED que proyecta tal intensidad de brillo, que es capaz de iluminar el edificio Lux entero.

El letrero luminoso tiene tal intensidad que ilumina por completo la fachada del Edificio Lux ubicado en Lince, cerca del cruce de las avenidas Vía Expresa y Javier Prado. Foto: Jorge Pezantes

“Con mucha ilusión vine a vivir en el distrito de Lince, pero (me di) con la ingrata experiencia de ver toda esta contaminación de luces que hay frente a este edificio. Siempre uno tiene esa ilusión de querer vivir en un sitio mejor pero a veces no nos percatamos de nuestro alrededor”, comenta Marleni de espaldas a la intensa luz emitida por aquel panel.

“Nadie está en contra de que puedan poner su publicidad pero debe ser reglamentado porque toda la madrugada está prendido, yo digo ¿para quién están publicitando en la madrugada?”, señala y agrega que al irse a dormir, a las 2 a.m., el panel continúa encendido.

Dentro de los principales efectos negativos que ha experimentado Marleni Aguirre y su familia al vivir expuesta a este tipo de contaminación lumínica están los constantes dolores de cabeza, afectación a la vista y la alteración de los ciclos de sueño.

“Esta luz ha impactado en nuestras vidas a la hora de dormir. No dormimos bien, amanecemos con dolores de cabeza inclusive hasta (afecta) la vista. Tengo que usar lentes”, cuenta. “Pienso que al no descansar bien uno se levanta hasta de mal humor y eso trae un sinfín de cosas, porque al tú estar malhumorada eso afecta también a tus hijos, (me preguntan) por qué estas así (molesta) y es por la luz”, confiesa.

Esta incomodidad no existiría si fuentes de iluminación como paneles LED, reflectores de espacios deportivas y alumbrado público* se rigieran por estándares de niveles máximos de luminancia y/o horarios de encendido. Sin embargo, estos límites aún no han sido establecidos en el Perú, pese a la publicación de la Ley de prevención y control de la contaminación lumínica, ya que según el analista en Gestión de la Calidad Ambiental del Ministerio del Ambiente, Gonzalo Rosado, primero tendría que “construirse y promulgarse un instrumento normativo ligado al protocolo de monitoreo de paneles publicitarios LED”.


Karin Ledesma y alumbrado público mal diseñado

Karin Ledesma, vecina de Cieneguilla. Foto: Jorge Pezantes.

Un alumbrado público con mal diseño es aquel cuya iluminación no está dirigida donde deberían transitar peatones y/o vehículos sino por el contrario, alumbra al cielo y/o al interior de las viviendas generando incomodidad y efectos en la salud física y mental de los habitantes.

Este es el caso de Karin Ledesma, vecina del distrito de Cieneguilla que se mudó a un lugar distanciado del centro de Lima para alejarse de la contaminación sonora. Lamentablemente, al poco tiempo, en 2016, se dio con una ingrata sorpresa: instalaron frente a su casa dos postes de luz con tres focos cada uno.

Ledesma ha estudiado Ciencias Forestales y por ello se siente mucho más consciente del impacto que puede tener la contaminación lumínica en las personas y la biodiversidad sobre todo en una zona semi rural como la Quebrada Tinajas de Cieneguilla.

“Hay personas como yo que hemos venido a vivir fuera de la ciudad para alejarnos de la contaminación sonora, la contaminación del aire y buscar la tranquilidad, sin embargo, ahora nos encontramos con una contaminación lumínica”, comenta.

Foto: Jorge Pezantes.

La instalación de los postes de luz se hizo a pedido de los vecinos del lugar para disuadir los casos de asaltos al paso. Para algunos esta iluminación aumentó la sensación de seguridad mientras que para Karin fue el inicio de una incomodidad perenne.

“Hay zonas (en mi casa) que van de oscuridad a luz y esos cambios de iluminación, si uno camina en la noche, perturban y me molesta tener que estar bajando la cabeza para no recibir la luz directa”, cuenta Ledesma.

“Si yo quisiera remediar un poco el impacto de la luz en mi casa tendría que tal vez utilizar estas cortinas Black Out, pero en verano eso es bastante problemático (…) Tener cortinas no funcionaria porque podría bloquear la luz pero no permitiría una buena ventilación de la habitación”, agrega.

Además, cuenta que no sería la única afectada. La fauna silvestre que habita esa zona, como aves y reptiles también estarían siendo afectados por este alumbrado público mal diseñado.

“Aquí viven huerequeques, lechuza de los arenales, lagartijas, quecos y una serie de insectos que conforman la fauna silvestre. Algunos de ellos son nativos de esta zona y esta luz artificial tan potente está impactando en las poblaciones y salud de estos organismos. Incluso en la noche a veces escucho cantar a alguna de las aves diurnas porque hay una iluminación bastante excesiva”, revela.

Al igual que las y los vecinos de La Molina, Ledesma señaló que tras intentar solicitar el retiro de los postes de luz o el cambio por otro tipo de fuente de iluminación tuvo que dar marcha atrás porque considera que es un proceso “muy burocrático”.

Laura* y la invasión de su espacio privado

Laura*, vecina del Callao, que pidió mantener su identidad en reserva. Foto: Jorge Pezantes.

Cada noche cuando regresaba del trabajo, Laura* subía a su terraza a observar por largas horas el cielo. Ese espacio se había convertido en su lugar seguro, un lugar de descanso en donde podía leer un libro o simplemente esperar a ver si alguna estrella se asomaba.

Para su mala suerte, hace unos años, su espacio preferido fue invadido por una luz cegadora generada por la luminaria de una área deportiva ubicada frente a su casa. En la entrevista realizada en abril de 2021, Laura* comentó que aquellos dos reflectores de luz azul, además de alumbrar directamente a su casa, permanecían encendidos hasta la medianoche en plena pandemia, cuando las restricciones eran mucho más estrictas.

“Es una luz intensa, agresiva e invasiva. Parece que estuvieran apuntando directamente así como en las películas, cuando vienen los helicópteros para encontrar a los delincuentes”, comenta Laura*, quien pidió mantener su identidad en reserva por temor a represalias de los usuarios de aquel espacio deportivo.

La joven de 31 años, reveló que esta exposición la afecta a nivel físico y emocional, y para evitar sentirse “invadida” por la luz, se ha visto obligada a “replegarse” hacia el interior de su vivienda.

“Tengo una especie de fotosensibilidad desde hace varios años y cuando salgo a la terraza o abro las ventanas me encuentro con esta cantidad de luces potentes que apuntan directamente hacia mí y tiendo a alejar la vista”, cuenta. “El otro tema que me afecta emocionalmente, porque antes solía estar en la terraza por largas horas (…) siento que han invadido mi espacio privado y me están quitando esa parte de mí que yo disfrutaba tanto. Siento que se han metido conmigo tanto a nivel físico y mental”, agrega la joven.

Foto tomada por Laura*, vecina que vive afectada por la iluminación excesiva de una cancha deportiva más la del alumbrado público  (Foto: SPDA)

Como si fuera poco, sumado a aquellos reflectores, existen otras dos fuentes de luz incómoda que afectan la tranquilidad de los vecinos: una red de alumbrado público mal diseñada, que ilumina las ventanas de los niveles superiores de las viviendas; y una red de faroles circulares cuya iluminación alumbra el cielo y no el camino de los peatones.

Laura* cuenta que en un inicio, el municipio instaló estas fuentes de luz a pedido de los vecinos para mejorar el tema de seguridad ciudadana ya que se habían registrado diversos robos en aquella la zona. Sin embargo, al cabo de los años se han dado cuenta que lo único que se ha logrado es que la delincuencia continúe y que se afecte la calidad de vida de los vecinos obligándose a convivir con la potencia de la luz artificial de noche.

“Hay algunos faroles que están ubicados a un metro de las ventanas de los vecinos y se nota claramente que en esas habitaciones la gente duerme, también hay vecinos que han tapado las ventanas. Imaginaría que es porque les molesta el exterior, porque la luz cuando se enciende ilumina hasta adentro y entonces sus sueños se perturban”, comenta.

Iluminación pública ubicada frente a ventanas de las casas de vecinos del Callao. Foto: Jorge Pezantes.

Si bien es cierto, una buena iluminación puede generar una mayor sensación de seguridad entre las y los vecinos, se debe tener en cuenta la forma cómo se ilumina. Por ello, la Ley de Prevención y Control de la Contaminación Lumínica, entre otras recomendaciones, propone que el diseño de los postes de alumbrado público incluya aspectos relativos a la inclinación y la dirección de las luminarias, así como sus respectivos parámetros de luminancia para no afectar la calidad de vida de las personas y biodiversidad. Además, señala que los focos y los postes de alumbrado público deberán diseñarse e instalarse de manera que se favorezca el ahorro energético y el uso adecuado de la energía.


* Nombre alternativo ya que la vecina del Callao pidió mantener su identidad en reserva por temor a represalias.