Hidroeléctricas en la cuenca del Marañón: ¿cuáles son los riesgos de iniciar su funcionamiento?

Foto: Diego Pérez

Por más de 60 años la fuente hidráulica ha sido la principal generadora de energía del país. Al 2018 más del 50% del suministro de energía de los peruanos –y el 20% de la utilizada por los limeños– era de origen hidráulico. Su uso se ha extendido a todo el país, siendo las zonas centro y sur las que figuran con mayor producción energética de este tipo. Para el 2015 la Autoridad Nacional del Agua (ANA) tenía un inventario de 743 presas; hoy, con 58 centrales hidroeléctricas operativas en todo el país y una carpeta de 20 proyectos priorizados para su construcción en la cuenca del río Marañón, se hace evidente la relevancia que representan nuestros ríos para la producción nacional.

Fuente: www.coes.org.pe

Lo que hace 140 años –cuando entró en operación la primera central hidroeléctrica en el mundo– surgió como una alternativa al fósil mediante el uso de energía limpia, hoy en día se sabe que su funcionamiento también implica la construcción de grandes represas que son capaces de emitir anualmente 104 millones de toneladas métricas de metano y terminan costando aproximadamente 96% más de lo presupuestado[1].

Además, según la Comisión Internacional de Grandes Represas (Icold, por sus siglas en inglés) existen en el mundo 59 071 presas, y a pesar de representar una infraestructura clave para los países en desarrollo, también registran los conflictos medioambientales “más violentos junto con los conflictos por extracción de petróleo y los mineros”, indicó a inicios del año la coordinadora de EJAtlas[2], proyecto de investigación que reúne actualmente 2700 conflictos medioambientales existentes en el mundo, de los cuales 92 son situados en Perú.

Frente a esto, se vuelve necesario preguntarnos si realmente las centrales hidroeléctricas responden a la creciente demanda de energía y a qué costo es, hasta el día de hoy, la principal fuente energética del país.

Un diseño incompleto

La generación de nuestros ríos se da en las zonas altas de los Andes. En su recorrido, la formación de los cerros encañona sus cauces creando reservorios naturales. La tecnología de las centrales hidroeléctricas utiliza esta formación para instalar barrajes o represas que inundan grandes espacios de tierra y, de esta manera, crear reservorios en zonas más elevadas, permitiendo que la caída del agua sea aprovechada por turbinas ubicadas en partes bajas para la generación eléctrica.

Cañón del río Marañón. Foto: Benjamin Webb

Este modelo de centrales hidroeléctricas por embalse es una práctica extendida en diferentes partes del mundo, instalación que ha implicado la tala e inundación de bosques aledaños a los cauces de los ríos, generando en ocasiones un impacto directo en la dinámica de los ríos y formación de cauces. Un ejemplo de ello es lo ocurrido en el río Colorado (Estados Unidos) a raíz de la construcción de la presa Hoover. “Antes el río llegaba hasta México, pero como han colocado tanta infraestructura han destruido el ecosistema abajo. Lo mismo ocurrió con el río Rímac, con todas las centrales han atrapado los sedimentos”, señaló el ingeniero Jorge Abad Cueva, director del Centro de Investigación y Tecnología del Agua (CITA) de la UTEC.

Jorge Abad, científico y director del Centro de investigación y tecnología del agua (Cita) de la UTEC viene realizando importantes estudio de los ríos amazónicos.

El Ing. Abad resalta que los proyectos actuales no incorporan en su diseño la dinámica de los ríos, así como los posibles cambios de las cuencas. “El río Ucayali, por ejemplo, migra bastante, es el río con mayor dinámica y lo que ha hecho con los años es moverse tanto que ha estado dentro de la reserva Pacaya Samiria, pero cuando se ha retirado ha dejado cauces, canales abandonados. El agua lo que ha hecho es agarrar esos canales y construirlos, ahora esos son los ríos Pacaya y el Samiria. La inundación de la zona cada año permite transferir sedimentos, nutrientes, fertiliza todo (…) Ahí se demuestra que entender la dinámica de los ríos te permite entender la producción del hábitat”.

Biodiversidad en riesgo

Esta misma dinámica se percibe en cada río del país. Los cuales además tienen la particularidad de generar grandes cantidades de sedimentos por su conexión con los Andes. El movimiento de las aguas de los ríos funciona como una “chancadora natural” de las rocas, las cuales llegan en forma de arenilla al océano. La colocación de barreras –como las presas– podrían generar cambios en la conectividad física, impidiendo su paso, como el ocurrido en el 2014 en río Madera (Brasil) que dos años después del inicio de operaciones de la central de San Antonio se observó la mayor inundación en la zona.

Foto: Remando Juntos, iniciativa del programa Conservamos por Naturaleza.

El rol de los sedimentos se vuelve crucial también, porque ofrece estabilidad a los ríos y detiene la erosión en la costa. “El mar tiene una capacidad erosiva y cuando uno no le da ese sedimento, el mar empieza a erosionar. Eso se percibe al norte, en Salaverry, donde se ha colocado una estructura. Todos los sedimentos se han quedado en la parte sur, porque la corriente viene de sur a norte. La parte norte de Huanchaco, Delicias, Buenos Aires están siendo erosionadas”, señaló Abad.

Actualmente, la ingeniería busca incorporar en su diseño este concepto. Esto ocurre en Cañete, en centrales hidroeléctricas pequeñas que tienen instalado un sistema de limpieza. Otro caso es la central hidroeléctrica del Mantaro, que también cuenta con barraje y limpieza. Son canales instalados que se abren anualmente –como es el caso de Cañete– y permite la purga o el pase de los sedimentos. Sin embargo, este tipo de diseño se vuelve difícil de instalar en zonas altas, por las dimensiones de las presas.

Reubicación y afectación social

De los 92 conflictos registrados en la Environmental Justice Atlas (EJA) en el Perú, ocho están vinculados con proyectos hidroeléctricos y su impacto directo en el desplazamiento de poblaciones aledañas. Tal es el caso de la hidroeléctrica Sallca Pucará que en el 2007 generó protestas por el posible desvío del río, afectando a 19 000 familias de comunidades campesinas. Un caso similar se registró cuatro años después por la construcción de la represa Inambari que provocaría el desplazamiento de 4000 a 8000 personas a causa de las inundaciones de 378 km2 de centros poblados de Puno, Cusco y Madre de Dios.

El listado también incluye los proyectos de megarepresas sobre el Marañón, Chadín II, Río Grande I y II (contabilizados como uno solo), con una afectación a 1000 personas (Chadín II) y 3000 (Río Grande). De acuerdo, a una investigación realizada por Conservation Strategy Fund (CSF) la agricultura de 20 distritos de La Libertad, Cajamarca y Amazonas se verían afectados, siendo la provincia de Chachapoyas la que concentra una mayor área agrícola inundada.

En el 2011, durante el gobierno de Alan García, se priorizó la construcción de 20 centrales hidroeléctricas en la cuenca del río Marañón. Mapa: Tania Galván

Proyectos priorizados: Cuenca del Marañón

En la cuenca del río Marañón se han identificado la proyección de construcción de centrales hidroeléctricas, como la de Chadin II, Veracruz; y otra que ya se han construido pero que aún no inician operaciones como la central hidroeléctrica del Marañón. Asimismo hace 8 años, durante el gobierno del expresidente Alan García, a través del Decreto Supremo N° 020-2011-EM en el 2011 se declaró de «interés nacional y social» el desarrollo de 20 centrales hidroeléctricas ubicadas en la cuenca del río Marañón. Su construcción buscaba ofrecer 12 430 megavatios de energía al país y responder a la demanda energética en los siguientes 40 años, logrando un impulso extraordinario al desarrollo, la producción y el comercio en las regiones del oriente y costa del Perú. De la misma manera se ha identificado la central hidroeléctrica de Mazán, si bien no está en la cuenca del Marañón, se encuentra próxima.

En este contexto, es importante preguntarse ¿cuáles son los riesgos ambientales en juego de iniciar su funcionamiento? Desde la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA) seleccionamos cinco de estos proyectos y planteamos un análisis de sus posibles impactos ambientales y sociales.

Chadin II

El proyecto limita con los poblados de Cumba por el norte y río Grande por el sur. Con una capacidad de generar 600 megavatios de energía, su construcción implica el embalse del río Marañón y la instalación de una central a pie de presa. Sin embargo, su construcción podría generar potenciales impactos negativos al ambiente, tales como la alteración de la calidad de suelo, provocando pérdida de cobertura vegetal con una posible alteración del hábitat de la fauna silvestre; cambio del caudal y cauce del río; entre otros.

Por otro lado, los impactos sociales se verían reflejados en migración desordenada a la zona; afectación a las actividades económicas actuales como la agricultura, turismo, etc.; pérdida de evidencia y sitios arqueológicos; y la generación de potenciales conflictos sociales.

En el 2014 el Ministerio de Energía y Minas (Minem) aprobó su EIA y meses después se firmaría el contrato de concesión definitiva. Tres años después la empresa AC Energía S.A. solicitó la ampliación para iniciar sus actividades hasta febrero de este año. Sin embargo, a agosto de 2019 no han iniciado actividades, por lo que el EIA habría perdido su vigencia.

Mapa: Tania Galván

Veracruz

El proyecto se ubica en las provincias de Utcubamba y Luya (Amazonas) y Cutervo y Chota (Cajamarca). Con una capacidad de generar 730 megavatios de energía, su construcción generaría una afectación al suelo por contaminación, cambios en el paisaje, riesgos a restos arqueológicos y pinturas rupestres halladas en la zona.

La cantidad de arte rupestre en el territorio es tal que la región viene solicitando que sea declarado como el “Primer Parque Nacional de Arte Rupestre Amazónico del Perú”.

A esto se suma la potencialidad de generar reasentamiento involuntario de las poblaciones aledañas, así como afectación a las actividades que se vienen desarrollando como la agricultura y turismo, fuentes de ingresos para los habitantes de la zona.

Actualmente, el proyecto cuenta con su EIA aprobado ­–de acuerdo a la resolución viceministerial 045-2013 del Minem–; sin embargo, al igual que el proyecto Chadin II, en febrero de este año perdió su vigencia, por lo que deberá realizar otro EIA.

De acuerdo, a la investigación realizada por Conservation Strategy Fund «la construcción conjunta de las centrales hidroeléctricas de estos tres proyectos implica una modificación importante en los caudales de ingreso a los embalses de las dos últimas (Chadin II y Veracruz), también una modificación en el tiempo requerido para alcanzar el almacenamiento necesario para asegurar los valores óptimos de caudal a turbinar».

Mapa: Tania Galván

Río Grande I y Río Grande II

Un tercer proyecto es el complejo hidroeléctrico Río Grande (I y II). La concesión temporal –otorgada por resolución ministerial 502-2014 del Minem a la empresa Odebrecht Energía del Perú S.A.– se encuentra entre los afluentes La Yanga (provincia de Celendín) y el afluente Crisnejas (provincia de San Marcos), abarcando las regiones de Amazonas, Cajamarca y La Libertad. Con una capacidad de generar 750 megavativos, su construcción inundaría 56 km2.

Está configurado para contar con dos embalses, cada uno con una central hidroeléctrica a pie de presa. Actualmente, su EIA se encuentra en evaluación por parte del Ministerio de Energía y Minas.

Marañón

El proyecto se ubica en el distrito de Monzón, provincia de Huamalíes (Huánuco) y contaría con una potencia energética de 18,4 megavatios. La concesión definitiva fue otorgada mediante la resolución ministerial 112-2001 por el MEM. Para marzo de 2017 el COES aprobó el Estudio de Operatividad del Sistema Complementario de la C.H. Marañón y para junio de ese año aprobó la operación comercial de la central hidroeléctrica con una potencia efectiva de 19,4 megavatios.

Mapa: Tania Galván

Mazán  

Finalmente, este proyecto con una potencia instalada de 544 megavatios se ubica en la localidad de Mazán al margen derecho del río Napo y el puerto varadero al margen izquierdo del río Amazonas, perteneciente al distrito de Indiana.

En mayo de 2013, mediante el informe 038-2013 del Minem, se aprobó el plan de participación ciudadana y en noviembre de 2014 se realizaron observaciones al EIA-d, el cual finalmente fue desaprobado –mediante resolución directorial 381-2017 por el Minem– en setiembre de 2017 al no cumplir con los requisitos técnicos.

Mapa: Tania Galván

 

[1] Carta abierta “57 Organizaciones y coaliciones de América Latina insistimos que las grandes represas no son energía limpia y solicitamos a los gobiernos, organismos internacionales y entidades financieras implementar verdaderas soluciones de cambio climático”. Obtenida el 08 de enero de 2015, de http://www.aida-americas.org/sites/default/files/CARTA%20A%20CUMBRE%20CLIMATICA%20ACERCA%20DE%20REPRESAS_1.pdf

[2] https://www.dw.com/es/represas-en-am%C3%A9rica-latina-fuente-de-riqueza-y-conflicto/a-47574940

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