Riqueza natural del Perú y el turismo / Escribe Marc Dourojeanni

Viajes recientes a Nazca, Paracas, Pampa Galeras, Tarma, Villa Rica, Jauja y Huascarán revelan progresos y también lo mucho que falta para que el turista se sienta atraído a quedarse más tiempo en este nuestro maravilloso país y para que lo recomiende a sus amigos.

Escribe Marc Dourojeanni / Profesor emérito de la Universidad Agraria La Molina

 

Escuché el anuncio que los turistas extranjeros tendrán derecho a la devolución de impuestos cobrados sobre sus gastos en el Perú, como se hace en otros países. Me pareció una buena iniciativa. Por coincidencia, durante el último mes realicé tres viajes, al sur, al  centro y al norte, para mostrar el Perú a amigos extranjeros y viví personalmente lo que el turista siente cuando nos visita. La devolución de impuestos es importante pero mucho más puede hacerse para atraer y retener turistas

Lo que en el Perú siempre es maravilloso

Tuve el privilegio de viajar por más de 80 países de los cinco continentes y, dada mi profesión, pude ver muchos de los lugares más espectaculares de esos países. A pesar de eso nada me emociona más que lo que veo, reveo o continúo descubriendo en el Perú, pues,  sus paisajes tienen una diversidad que pocos otros lugares poseen además de ser únicos y de una belleza incomparable. Y, para quien también aprecia la cultura, el Perú ofrece muestras de su rico pasado, literalmente, en cada rincón de su territorio. Y, con poco dinero, nuestro país siempre ofrece comida excelente y variada en todas sus regiones. Además, hasta los peruanos de apariencia menos amable, saben ser simpáticos y acogedores con los visitantes que casi siempre salen contentos de su experiencia. Y, por si lo anterior fuera poco, las carreteras a los principales lugares turísticos del Perú son de buena calidad y, por lo menos durante estas visitas, la Policía Nacional se portó muy correctamente.

El caso de Paracas

La Reserva Nacional de Paracas y las islas Ballesta han sido el imán para el establecimiento de más de 80 hoteles de toda categoría y otros tantos restaurantes y otros negocios asociados al turismo. El enorme impacto económico positivo de establecer áreas naturales protegidas es más evidente en Paracas que en cualquier otro lugar, pues, antes de crearse la Reserva allí no había nada excepto el tradicional y exclusivo Hotel Paracas. El número de turistas tanto nacionales como extranjeros crece de modo exponencial. El Estado ha construido en el poblado de Paracas y, desde el año pasado en la propia Reserva, una infraestructura de buena calidad.

Sin embargo, nada es perfecto. Por ejemplo, nadie consigue explicar el motivo por el cual todas las embarcaciones para la visita a las islas son obligadas a salir simultáneamente, en lugar de hacerlo en forma escalonada o a cada cinco o diez minutos, a medida que se llenan. Eso genera una gran confusión humana durante el embarque y, peor, provoca que todas las lanchas lleguen a las islas al mismo tiempo dificultando la visión, espantando la fauna y creando serios riesgos de accidentes. Dicen que es “por orden de la Marina” que alegaría “razones de seguridad”. Es obvio que si el mar está bravo o si no hay visibilidad, la salida de las lanchas debe ser interrumpida o demorada. Pero no tiene sentido obligar todas las lanchas a salir y regresar al mismo tiempo, lo que crea otra confusión y demoras al desembarque.  Del mismo modo los turistas deberían poder llegar libremente al muelle, comprar sus boletos (tanto el del barco como el del Sernanp) y hacer su fila para embarcar en lugar de obligarlos a ir todos arreados como carneros desde sus hoteles.

Hay muchos otros asuntos que se pueden comentar sobre Paracas. Los guardaparques, como siempre, estaban todos juntos (había seis) en la entrada de la Reserva, cobrando el ingreso, pero ninguno en el interior de la misma, guiando a los visitantes o evitando que los vehículos se salgan de los caminos señalados. Algunos de los servicios higiénicos recién construidos en los miradores estaban cerrados y las paredes de los edificios nuevos estaban, obviamente, siendo usados como mictorios. Lo peor, quizá, es la falta de solución al antiguo problema de la presentación y pésima calidad de los “restaurantes” de la caleta de Lagunillas, siempre lamentablemente sucios. También, por lo visto en las últimas tres visitas  se está formando un todavía pequeño núcleo de pescadores invasores al sur de la zona más frecuentada.

El caso de Nazca y Pampa Galeras

Nazca continua decidido a dar la espalda a las oportunidades turísticas que le ofrecen la cercanía de las reservas nacionales de Pampa Galeras y de San Fernando[1]. Nada absolutamente se ha hecho para promover la visita a esos dos lugares que ofrecen espectáculos naturales de categoría mundial. Ni siquiera las agencias de turismo, que hoy ya son muy pocas, mencionan esos lugares. Y así siendo los hoteles continúan con poca ocupación y la oferta de empleos, fuera de la minería, es bajísima.

Pero lo peor es el caso de la torre de observación de las Líneas de Nazca, que por lo visto va a ser reinstalada al otro lado de la carretera. El caso es que en este país donde se construyen “rompe-muelles” por doquier (y también en la misma Panamericana), no existe ninguno antes o después del sitio destinado a estacionamiento para subir a la indicada torre. Ni siquiera existe un aviso para reducir la velocidad. Los turistas, que son numerosos, corren peligro mortal al travesar la Panamericana en la que los camiones y otros vehículos pasan a altísima velocidad debido a que se trata de una largo trecho recto. Si hay un lugar donde “rompe muelles” son indispensables es ese, inclusive si se mueve de sitio la torre.

He visitado Pampa Galeras hasta dos veces por año en los últimos cinco o más años. Jamás he visto un guardaparque en el campo. Intencionalmente, en esta última oportunidad hemos recorrido ostensiblemente toda el área de la Reserva para fotografiar las vicuñas, esperando que en alguna ocasión se acercara un guardaparque a preguntar qué hacíamos. Aunque, como en otras oportunidades, pasamos varias horas dentro de la Reserva, nadie nos inquietó. Si hubiésemos deseado matar alguna vicuña hubiéramos podido hacerlo sin mayor dificultad. Supongo que el Sernanp alegará que los vehículos estacionados en la sede carecían de combustible.

Viajar por tierra al Norte de Lima implica que el turista pase por la escalofriante experiencia de salir de la Gran Lima y, si posible peor, la de regresar. Cuando parece que todo va a mejorar se descubre que la autopista acaba en Huacho… Pero en realidad no acaba, sino que se está prohibido de usar la que ya existe, aunque sea por trechos. ¿Por qué la carretera Panamericana entre Huacho y Pativilca que está casi totalmente duplicada  desde hace varios años no puede ser usada? ¿Cómo explicar eso a un turista?

Para el visitante, a parte de la basura que domina el paisaje a lo largo del camino y de la curiosa costumbre nacional de que los carros lentos ocupen la faja izquierda y de ultrapasar por la derecha (ya sería mejor adoptar eso legalmente), resulta interesante observar como a lo largo del camino, inclusive en las dunas de Pasamayo, las invasiones de casuchas -sin gente- han deteriorado el paisaje sobre decenas de kilómetros. En verdad, tanto al Norte como al Sur, el Perú revela al viajero la fantástica dimensión de la informalidad que lo domina.

Al visitar la Reserva Nacional de Lachay, a diferencia de Pampa Galeras y, como se verá, de Huascarán, se constató que los guardaparques estaban correctamente presentes en varios locales y no sólo cobrando el ingreso.

De Tarma a Jauja y en la Laguna de Paca y Villa Rica

Una excelente carretera une Tarma con Jauja y muestra vistosos paisajes además de vicuñas. Fue grato ver, por primera vez, que los que construyeron esa carretera hicieron mirantes estratégicamente ubicados para disfrutar de la vista. Pero fue frustrante ver que debajo de los carteles que piden no arrojar basura, esos mirantes son verdaderos basureros que muestran la poca educación de los que por allí transitan. Es una pena.

La Laguna de Paca es realmente bonita y congrega muchas aves acuáticas que el visitante puede apreciar especialmente dando la vuelta completa a la laguna, apenas estorbada por la acumulación de basura. Pero lo peor fue constatar el maltrato a la buena reputación gastronómica del Perú que hacen los restaurantes-recreos congregados en un lado de la laguna. Allí se sirven mal las peores truchas y las peores pachamancas que peruano alguno ya comió. Y la cerveza viene caliente. Es urgente que las autoridades turísticas ofrezcan un curso de etiqueta y otro de culinaria en ese lugar.

Nada queda de los magníficos bosques naturales que adornaban los alrededores de Villa Rica en los años 1950 y 1960 y, la linda villa de estilo alemán de entonces se ha convertido en una ciudad fea y ordinaria. Lo que más impresiona en la región es ver que a falta absoluta de árboles originales se está haciendo sombra para café con pino guatemalteco y hasta con eucalipto. Una verdadera vergüenza. La destrucción de la Amazonia y su “serranización” son allí evidentes. Dicho sea de paso, la destrucción progresiva del Parque Nacional Yanachaga-Chemellen, una iniciativa del desaparecido Antonio Brack, es un hecho que no se puede ocultar.

Huaraz y el Parque Nacional Huascarán

Salir de la Panamericana y subir hasta Huaraz es una buena experiencia pues la carretera además de ofrecer paisajes notables es de buena calidad y reúne menos basura en sus bordes que lo usual en el país. Y, por cierto, el espectáculo de la Cordillera Blanca es absolutamente impactante para todos, inclusive para los que conocen bien regiones de montaña como los Himalaya. El Parque Nacional Huascarán mal que bien está allí para evitar lo peor y por eso los paisajes en su interior continúan protegidos y bien mantenidos. La visión sobre los nevados, los lagos y  los bosques de Puya raimondii fueron, por cierto, los puntos más altos de la visita.

Hicimos tres entradas al Parque. Apenas fuimos controlados y debimos pagar el ingreso en una de ellas. Y, como es usual, ningún guardaparque fue avistado en el interior, donde pudimos desplazarnos donde nos dio la gana. También es lamentable ver que el Sernanp no ha conseguido convencer a los campesinos que pastorean ganado vacuno dentro del Parque a cambiarlos por alpacas y llamas, lo que sería más rentable para ellos, menos ambientalmente negativo  y menos chocante para los turistas. Las ovejas también deberían salir, pero eso puede ser en una segunda etapa. Igualmente es notoria la falta de mirantes en las carreteras asfaltadas o de tierra que cruzan el Parque. Los que desean admirar los paisajes del Parque corren peligro mortal con los vehículos de transporte público que pasan raudamente. Allí como en Pampa Galeras no existe ningún aviso para respetar a la fauna o a los turistas ni tampoco un solo rompe-muelle.

En conclusión

Lo que se ve visitando el Perú es tan magnífico que los turistas, hasta los más criticones, salen satisfechos del país y se proponen regresar. Pero para el turista nacional, como quien escribe, es triste observar que muchas  medidas simples y baratas, como avisos y “rompe-muelles” oportunos, ordenamiento sensato de embarque y desembarque en Paracas, vigilancia efectiva de los guardaparques, limpieza de basura en mirantes, mejor formación de dueños de restaurantes, etc. no son tomadas año tras año. Otras son algo más complejas como el retiro de vacunos y su reemplazo por camélidos pero, se debe recordar, esa medida ya estaba propuesta en el primer plan de manejo del Huascarán, elaborado hace más de 40 años. Y, claro, problemas de fondo como el tránsito de Lima, el comportamiento de los conductores de vehículos y la informalidad costarán mucho dinero, esfuerzo y tiempo. Pero no poder resolver esas últimas no justifica olvidarse de las anteriores.

 

 

 

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[1] http://www.actualidadambiental.pe/?p=28836  y http://www.actualidadambiental.pe/?p=41547



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